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“Me atrae verme inmersa en campos que no son lo mío”

20 abril, 2015

La cantante Zahara (Úbeda, 1983) nos recibe con una risa dulce. Desde el primer momento se muestra natural y hasta aporta ideas para la sesión de fotos. La cita tiene lugar en el Room Mate Laura, en el centro de Madrid: “Aquí tuve la primera cita romántica con mi novio. Me trae muy buenos recuerdos”, reconoce tras las presentaciones. El tiempo parece que no transcurre con esta joven tan sincera y espontánea

Zahara cabecera

Impasse Magazine: En ‘Santa’, su último trabajo, se ve que combina diferentes estilos, utiliza mucho los coros, con mucha fuerza en la voz. ¿Ha llegado Zahara a la madurez musical?

Zahara: (Risas) Bueno, yo creo que he llegado a la madurez en general. Con casi 32 años te vas centrando y encontrando. Sabes mejor lo que quieres y eres más capaz de hacerlo. Para este disco teníamos claro lo que queríamos. No de forma deliberada, sino que íbamos haciéndolo, sentíamos las canciones, plasmando en ellas lo que pretendíamos de cada una. De ahí esa variedad. Creo que cada canción tenía un espíritu y hemos intentado dárselo a cada una lo mejor posible.

IM: ¿Cómo ha sido trabajar con el productor Max Dingel (Muse, The Killers…), encargado de mezclar el disco?

Z: Estuvo implicado desde el principio, que no es muy habitual. El miedo de currar con alguien que vive en otro país, externo y que no ha estado en el proceso desde el inicio es que se lo tomen a la ligera. La verdad es que con Max, como ya conocía muy bien a Sergio Sastre, que había producido el disco de Miss Cafeína, quiso nada más empezar que le pasáramos las letras en inglés, saber las canciones, las referencias… Ha habido una comunicación fluida casi cada día y ya con las mezclas ha sido por horas, mandándonos continuamente notas. Todo muy fácil, es un encanto. Trabaja muchísimo, no ha parado en todos los días de mezcla. Para mí ha sido un honor contar con alguien como él, en quien confías y que sabes que iba a darle el sonido que queríamos, que era esa contundencia, esa sensación de que está todo espaciado y esa melodía británica que sabíamos que nos podía ayudar a conseguir.

IM: La edición limitada contiene también un CD de rarezas, siete postales y un libro de poemas. ¿Es una forma de combatir la crisis?

Z: Totalmente. Es una cosa que ves, porque las discográficas se quejan de que no venden. Lo que siempre digo es que hay que hacer un disco que la gente quiera comprar. Para mí era importante que el formato físico de este trabajo no fuera sólo una caja de plástico con un CD y ya está. Mi idea era que la gente que quisiera tener este álbum accediera a una especie de tesoro, de algo cuidado. Este diseño te permite interactuar, primero porque puedes elegir la portada que más te gusta, luego puedes leer los poemas que complementan las letras de las canciones, los dos CD… Por lo que voy viendo, es un disco que el público quiere tener, no sólo escuchar. Lo que a mí me apetecía era convertirlo en un objeto de valor. Esto no lo sueles ver en las discográficas. Obviamente hemos cuidado la música, pero un álbum no es sólo un CD de música. Para algo se hacen discos, para que haya algo más.

IM: Como antes de la llegada de internet, que se devoraban los discos.

Z: Claro. A mí es que me sigue gustando eso. Escucho mucha música, tengo vinilos, si bien es verdad que en formato CD es lo que menos consumo, pero me compro lo que me gustan porque el disco mola. Luego la música la escucho en Spotify en mi ordenador, pero me hago con el disco porque me gusta el libreto. Tengo un CD rojo de Radiohead que es una caja preciosa (se refiere al ‘Amnesiac’) con un montón de cosas dentro que es una pasada. Me gusta que esté en mi estantería por eso.

IM: No es muy amiga de las grandes multinacionales, siempre ha preferido la autogestión. ¿No es más difícil así?

Z: Es muchísimo más difícil, pero me gustan los retos y no soy una persona que tienda a lo sencillo. Además que lo que yo quería hacer ninguna discográfica lo podía realizar. Lo que me ofrecían es algo económico, pagarte un disco con una promoción. Al final, está feo decirlo, el dinero lo puedes conseguir de un banco, de un amigo o de tus ahorros. Tienes que renunciar a muchas cosas para conseguir algo que un banco no me pide: que el disco tenga diez canciones, que mi nombre salga escrito en grande o que haga un videoclip donde salga guapa. Quien me deja el dinero se olvida de mí hasta que se lo devuelva. No se implica en el proceso creativo que una discográfica sí hace. Es verdad que hay una parte que es complicada, sobre todo la logística, estar gestionándolo todo que me está llevando por el camino de la amargura. Por suerte tengo un equipo guay con el que trabajo y en el que confío, pero luego ves cómo se hacen las cosas y para cómo está la situación es mejor resolverte por ti misma.

“El disco ‘Santa’ conecta muy bien con lo que quería contar, que son las distintas emociones”

Zahara cama

IM: Pero ahora ha creado su propio sello y ‘Santa’ es su primer disco con GodZila Records. ¿Cómo ha sido esta experiencia?

Z: De alguna manera ya lo hacía. Cuando estaba con Music Bus yo acababa haciendo muchas cosas, porque siempre he tenido la inquietud, el no esperar y estar siempre por delante. Entonces una parte ya lo conocía, porque soy muy activa y hago muchas cosas por mi cuenta. Pero luego hay otras que me han generado un poco de estrés, como es la parte burocrática, las reuniones, buscar quién hace la promo, que todos los pagos se hagan a tiempo, estar pendiente de la fabricación, hablar con la distribuidora… De pronto das un paso más, te conviertes en empresaria y dejas de ser música. Es complicado, voy aprendiendo a marchas forzadas, he tenido suerte de estar bien asesorada, bien acompañada y que la gente con la que estoy trabajando es muy buena, desde la distribuidora hasta mi mánager, que son los que están a mi lado. Menos mal que me han echado una mano, sino no habría podido.

IM: ¿Qué diferencia hay entre autogestionarse y sacar un disco en su propia discográfica?

Z: Es distinto. Si te autogestionas no tienes por qué darte de alta en Agedi o no tienes por qué ser productor fonográfico. Simplemente puedes recaudar dinero por un crowfounding o sacas un disco, que mucha gente lo hace, y lo pones a la venta. Pero mover la maquinaria para funcionar como una discográfica implica muchas horas, muchos documentos, muchas subidas del disco a plataformas que no sabes lo que estás haciendo exactamente… Es ponerse las pilas, aprender y luego todo lo demás ya me gusta, como es la promoción a través de las redes sociales o decidir cómo hacer ciertas cosas.

IM: ¿Qué hay de distinto entre ‘Santa’ y ‘La Pareja Tóxica’? ¿Y respecto a ‘La fabulosa historia de…’?

Z: ‘La fabulosa historia de…’ era el primer disco que sacaba con una discográfica. Era un recopilatorio de muchas cosas, no había una unidad. La unidad la dio Carlos Jean en la producción y luego la discográfica que dirigió el proyecto, allí yo sólo llevaba la voz cantante en el sentido literal, no figurado. No hacía nada más. Es un disco más ecléctico. Cuando llegó ‘La Pareja Tóxica’ para mí fue como me salgo de Universal, me voy a compañía pequeña y el disco lo hago yo por mi cuenta. Es un trabajo monográfico sobre la tristeza, el sonido es más opaco, todo está como manchado y salpicado por la melancolía, tanto la música como la letra de las canciones. Ahora, con ‘Santa’ han pasado cuatro años desde eso, estoy en un momento vital totalmente distinto y se nota. Las canciones son más enérgicas, hay más variedad en los escenarios musicales que planteo. Hay temas que conectan con ‘La pareja tóxica’, como por ejemplo ‘El frío’, que tiene que ver con la pequeñez y lo cercano, pero luego hay espacio para otros lugares como ‘Caída libre’, que es una canción divertida que se puede bailar, ‘Crash’ que es más rockero y directo o luego ‘Donde habitan los monstros’, que es más psicodélico. Todo gestionado por Sergio, por Max y por mí, que aunque tiene coherencia, es más una montaña rusa. Conecta muy bien con lo que quería contar, que son distintas emociones, diferentes historias y que al final el nexo soy yo y la producción.

IM: ¿Es más variado?

Z: Sí, yo creo que por necesidad. Me parece que es un disco que pasan tantas cosas que lo veo como algo positivo. Hay canciones que te van a acompañar en un momento de tristeza, otras en un momento de alegría, otras que querrás saltar y otras que querrás repetir en bucle porque te motivan para correr. Esto es algo interesante que tiene el disco que el anterior no tenía.

IM: Volviendo un poco al asunto de tu sello. ¿Qué tipo de música busca?

Z: Con todo lo de mi disco, por ahora me es imposible pensar en nada más. En el futuro, aprovechando que está este sello, les brindaré la oportunidad a personas cercanas a mí para utilizar esta plataforma. Por ejemplo Sergio Sastre, que tiene un proyecto en solitario, sabe que si quiere sacar un disco puede hacerlo conmigo, igual con Buffalo que es una banda de rock proveniente de Granada igual, o tampoco me importaría trabajar con Jessica, que es un grupo de música electrónica. Pero estamos hablando de tiempo, ahora mismo no tengo capacidad de pensar en ello, no me llega ni para mi propia gira ni lo que tengo que hacer.

“Funciono mejor en entornos más cercanos que en los festivales”

Zahara escalera

IM: ¿Ser sobrina de Joaquín Sabina le ha ayudado o le ha traído más problemas en su carrera musical?

Z: Ni una cosa ni la otra. Sabina ha respetado siempre mi decisión de no llamar a su puerta y muy poca gente lo ha sabido. Siempre he pretendido que si llegaba a algún lugar en mi vida, fuera por mis propios méritos o por mi propio trabajo y creo que lo he conseguido. En ese sentido, Sabina ha estado observando en la distancia. No creo que me haya perjudicado en el sentido que nadie haya podido decir ‘Mira lo que ha conseguido por eso’, porque nunca ha sido así. Además, él ha estado al margen. Tampoco me ha beneficiado porque no me he aprovechado de él o de su posición. Sí es verdad que gracias a Sabina he conocido a Pancho Varona, que es su guitarrista y con quien compone, que sí ha ejercido de mi padrino desde que le gustó mi música y se enamoró de lo que hacía. Pancho ha sido un amigo y una persona ha estado pendiente de lo que he hecho. Eso es a veces más importante que cualquier otra cosa. Actualmente tengo una relación con Joaquín más cercana que hace años. Si ahora pasara algo, sí que me gustaría, porque considero que la gente sabe que he llegado a una situación en la que otros artistas han querido colaborar conmigo. No creo que lo vieran como aprovecharse, si no como lo que es, algo natural.

IM: Supersubmarina, Zahara, Joaquín Sabina… ¿qué tiene la zona de Úbeda y Baeza de especial para tener tantos grupos musicales conocidos en un pequeño espacio?

Z: Siempre he creído que ha sido el aceite. Seguro que tiene algo que ver eso de que mejora las conexiones neuronales. Además, tanto Úbeda como Baeza tienen un patrimonio alucinante que es muy inspirador. Ese mar de olivos que bordea las dos ciudades atrae a la belleza. Al final quieres componer, escribir o pintar. Úbeda está llena de artistas de todo tipo, desde el alfarero Paco Tito hasta escritores. Creo que el aceite de oliva tiene algo que ver.

IM: Se le ha incluido a menudo dentro de la ola de cantautoras indie folk, como también a Russian Red o Anni B. Sweet. ¿Está de acuerdo con este ‘encasillamiento’?

Z: Al final este tipo de catálogo es más porque vosotros (los periodistas) lo necesitáis a la hora de enlazar artistas que porque nosotras nos sintamos identificadas. Es cierto que hubo un momento en el que salimos todas a la vez y tal hubiera esa conexión de guitarra y voz, con cierta unión. Ahora estamos totalmente separadas. Primero por el idioma, que es fundamental para relacionar estilos. No tiene nada que ver cantar en inglés que en castellano, por la sonoridad o el tipo de letra. Y segundo los caminos que llevamos cada una. En mi opinión encajo en el indie de una manera literal, ya que hago una música independiente porque yo lo soy y no estoy en los circuitos promocionales habituales –que es al final lo que es la música indie–, y también porque conecto con otros grupos que son de este estilo, como podrían ser Love of Lesbian, Sidonie o Maika Makovski.

IM: Suele prodigarse mucho por los festivales. ¿Cómo plantea su repertorio en estos eventos?

Z: Este año estamos en el Arenal Sound, el Sonorama o Granada Sound, entre otros. A mí lo que me gusta de los festivales es que es un escenario literal, una plataforma para que te vea gente que no te va a ver en otro momento o un tipo de asistente que no te conoce pero le suenas y tiene curiosidad. Mi idea es ofrecer la parte más divertida del repertorio. El espíritu es fiestero, el público está distendido y relajado, con lo que no les voy a cantar las canciones más tristes. Selecciono las más rockeras, bailables y enérgicas para que, dure lo que dure, se lo pasen pipa, griten con la vena en el cuello a punto de reventarles y estén saltando porque yo lo voy a hacer. Creo que los festivales te dan ese espacio para pasártelo bien e intentar que los que están allí disfruten al menos tanto como nosotros.

IM: ¿Algún grupo amigo que haya conocido en festivales?

Z: No, porque yo soy un poco ‘abuela’. Termino de tocar y suelo irme a dormir. A las 23 estoy en la cama. No suelo vivir esa parte familiar que se crea en los festivales. Me ha pasado más en conciertos particulares, que alguien te invita porque le gusta tu música y a partir de ahí surge una amistad como pasó con Santi Balmes y ‘Love of Lesbian’. Funciono mejor en entornos más cercanos que en los festivales, donde me agobio porque veo la multitud, hay tantos grupos que se conocen… No interactúo mucho, prefiero escuchar la música y luego irme a mi hotel.

“Sé que los estribillos son útiles, pero en ocasiones me generan más problemas que alegrías”

Zahara ventana

IM: Es una artista polifacética. Vayamos por partes. Primero, el cine, ya que en 2011 protagoniza el ‘Leñador y La mujer Ámérica’, basado en uno de sus temas. ¿Cómo fue este proyecto?

Z: Fue una locura increíble y muy divertida gracias a NYSUfilms, la productora con la que he sacado los videoclips y sigo trabajando. Fue a marchas forzadas, yo no tenía ni puñetera idea, todo se basaba en lo estético, hablar era muy complicado, dominar la voz y actuar. Resultó interesante porque se unió la música de mis canciones a un proyecto audiovisual. Terminó siendo un mediometraje. Estuvo en el festival de Málaga, se llevó varios premios, uno de ellos en Nueva York, se está proyectando en Japón… Surgió como una tontería para promocionar el disco pero al final creció y tuvo vida propia.

IM: Segundo, ha participado en la obra teatral ‘Frenchy’. ¿Dónde aprendió a actuar?

Z: Como todos, en el colegio. Siempre fui una niña inquieta, que no me daba vergüenza nada y me gustaba todo el mundo del teatro. Era la típica niña que cuando hay un musical quiere estar la primera. No estudié formación, aunque desde joven estaba en todos las obras teatrales. Si bien eran locales, me ayudaron a perder el miedo. Los conciertos tienen algo de interpretación propia de los actores. Hago muchos monólogos entre canción y canción, por lo que cómo tienes que comunicarte y los tiempos lo vas aprendiendo en la carrera de músico que haces diariamente. Como decía un amigo actor que me vio, al final tiro de intuición más que de técnica. La actuación lo hago más por ganas o por superar retos que por un talento innato como actriz. No me da miedo y me atrae verme inmersa en campos que no son lo mío.

IM: Por último, ha escrito literatura, ‘Semaforismos y Garabatonías’, así como poemas. ¿Qué quiere expresar mediante este medio que no consiga con las letras de sus canciones?

Z: Las canciones tienen el hándicap que tienen una estructura. Narrativamente, un estribillo es una piedra en el camino. Tú estás contando algo y de repente tienes que repetir una historia. ¿Te imaginas en una película que tuvieras que poner una escena otra vez? A veces me pasa con las canciones que por tener que repetir algo que resuma, englobe o aporte, termina siendo un quebradero de cabeza. Sé que son útiles, pero en ocasiones para contar algo me generan más problemas que alegrías. Sin embargo, cuando escribes un texto tienes total libertad estructural, dispones de un folio en blanco. Puedes meter las palabras que quieras, repetir o no, rimar… Por ejemplo, en Salmos hay palabras que yo nunca cantaría. Una palabra escrita tiene una fuerza que puede ser increíble pero cantado puede quedar muy vulgar. Escribir tiene esa maravilla de poder incluir lo que quieras, disponer de esa capacidad de explayarte sin que nadie tenga por qué decir si lo debes repetir o no.

“Las personas que son influyentes tienen la responsabilidad de utilizar esa imagen para motivar a los demás”

Zahara silla

IM: Tiene mucha actividad en Twitter. ¿Es más una cuestión profesional o personal?

Z: Principalmente es porque me gusta. Si no fuera así, no lo haría. Obviamente, ayuda a mi carrera. Tener seguidores que quieren saber lo que haces te facilita que les puedas comunicar las cosas y estén al día de lo que haces, eso permite que vayan a tus conciertos o compren tu nuevo disco porque se enteran. Me parece una herramienta muy útil a nivel profesional, pero que no usaría como lo hago si no me gustara personalmente. Sigo a muchas personas, retuiteo bastante porque hay mensajes que me encantan o interesan, así como comparto mis historias que considero que le puede atraer a quien me sigue.

IM: Le gusta correr. ¿Tiene tiempo para hacer deporte?

Z: (Risas) Ahora menos. El año pasado fue genial, salía mucho a correr. Este año empecé muy bien, pero en cuanto me metí a grabar el disco eran diez horas diarias y cuando llegaba a casa me iba directa a la cama, vestida incluso. Sigo siendo runner porque ya se ha convertido en un hábito y un vicio, pero ya no voy a las velocidades que iba antes ni los kilómetros que hacía.

IM: Es una persona muy solidaria, como el hecho de poner a la venta los vestidos que había utilizado durante su gira de ‘El deshielo’ para tres asociaciones de Úbeda o las continuas participaciones en eventos o canciones solidarias. ¿Considera que la cultura debe estar unida a este tipo de actos?    

Z: Creo que no sólo la cultura, sino que las personas que son influyentes y tienen cierta repercusión porque son admiradas y respetadas tienen la responsabilidad de utilizar esa imagen para motivar a los demás. Hablábamos de Twitter, a mí personalmente me gusta utilizar mis redes para animar a ir al teatro, leer, acudir al cine o escuchar música. Recomiendo siempre lo último que estoy leyendo porque sé que la gente que le gusto quiere saberlo y a lo mejor se va a comprar el libro. Igual que fomentamos la cultura y se retroalimenta, hay que promover que se adopten animales en lugar de comprarlos, las donaciones de un poco de dinero a una buena causa, que se participe en actos solidarios igual que lo hacemos nosotros… Sí que me parece importante, considero que tenemos que utilizar nuestra imagen para algo más que nuestro propio beneficio. No se puede colaborar en todo lo que nos ofrecen, pero en mi caso humildemente siempre aporto mi espacio, mis redes y mi imagen para intentarlo y que llegue a más gente, y así hay más conciencia de lo que se puede ayudar con un simple gesto.

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