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“La creación artística es ajena al IVA aunque todo lo que facilite el consumo cultural me parece maravilloso”

19 junio, 2018

Si Rebeca Khamlichi (Madrid, 1987) fuera una ensalada llevaría trozos de pizza de queso, batido de chocolate, mango, un chorrito de lambrusco, Cola Cola Zero, Donuts Pantera Rosa, o tacos mexicanos. Una original mezcla que metafóricamente utiliza para definir su estilo artístico. En estos meses presenta, además, el libro ‘Las hijas de Antonio López’, una historia de malos tratos que resume con una frase muy plástica: El destino está escrito, pero todos nacemos con una goma de borrar en la mano. Hablamos de su historia personal y su trayectoria profesional mientras escuchamos ‘El pensante’ de Manuel Vallejo, la versión de flamenca de una canción argentina que Khamlichi elige para la lista de reproducción Impasse Mag en Spotify

Rebeca Khamlichi

ImpasseMagLo primero que me gustaría destacar es una frase que he leído en su biografía. En concreto, se refiere a usted no como una pintora, sino como una forma de pintar. Si pudiera describirse como un color seguro que sería el rosa chicle pero si tuviera que hacerlo en tres frases, ¿cómo lo haría?

Rebeca Khamlichi: Bueno, esa frase no la escribí yo, me habría parecido un poco pretenciosa. Alguien la usó para definirme y a mí me pareció ingeniosa. Yo soy más humilde a la hora de describirme. Aquí están mis tres frases con las que lo haría: Primera: Soy un monete. Segunda: Pinto. Tercera: Tengo grandes dificultades para definirme. 

IM: Ha sido protagonista de uno de los blogs de Impasse Magazine. En Versión Circus 799 tuvimos la oportunidad de presentar su talento a nuestros lectores. Ahí descubrimos la pasión pop, un talento creativo y una iconografía muy particular. ¿De dónde vienen sus referencias?

RK: Si yo fuese una ensalada, creo que tendría todos y cada uno de los alimentos que me gustan, pero todos, todos, mezclados con un criterio culinario, como poco, cuestionable. Una ensalada con trozos de pizza de queso, batido de chocolate, tarta Comtessa, aceitunas, mango, un chorrito de lambrusco, otro de Cola Cola Zero, Donuts Pantera Rosa, arepas, tacos mexicanos. Pues siendo pintora, lo mismo. Mis referencias incluyen todos y cada uno de los impactos visuales que he tenido en la vida. Pinto las cosas que me gustan, pero todas, todas, mezcladas con otras que también me gustan. Y con la misma desvergüenza con la que le pondría tarta Comtessa a la ensalada: no me planteo si pegan o no. Así que en mis cuadros hay ovnis, santas, superhéroes, dibujos animados, tatuajes, colores pop, armas de mentira…

“El libro no tiene nada que ver con el rencor, sino con reconocer las heridas para poder suturarlas con el hilo de la esperanza”

Rebeca Khamlichi

IM: En la actualidad presenta su libro ‘Las hijas de Antonio López’. Una historia que narra e ilustra la desolada infancia de dos niñas en los años noventa, vista desde los irónicos ojos de la adulta en la que una de ellas se ha convertido. Quien lo abre entra en su vida ¿Cuál es el mensaje de este libro?

RK: Hay dos frases del libro que creo que pueden resumir su mensaje, si es que lo tiene. La primera dice algo así como que el destino está escrito, pero todos nacemos con una goma de borrar en la mano. La segunda es el miedo es un bicho muy pequeño pero que, en la oscuridad, proyecta una sombra muy grande.

IM: En su presentación se le preguntaba el por qué este libro llega ahora, y no antes. Me gustaría que compartiese con nosotros esa necesidad de expresión.

RK: Podría decir que había llegado el momento de ajustar cuentas con la vida. Pero no es así, porque la vida no tiene ventanilla de reclamaciones. Porque nunca cree que te debe nada. Y por eso nunca te devuelve nada. Por eso el libro no tiene nada que ver con el rencor, sino con quizá reconocer las heridas para poder suturarlas con el hilo de la esperanza, del mirar hacia adelante. La necesidad de compartir lo que cuenta ‘Las hijas de Antonio López’ llegó además al cumplir los treinta años, que para mí han sido algo así como una señal de tráfico a mitad del camino en la que puedes parar, mirar hacia atrás, sacar de la mochila todo lo que te pesa, y encarar con fuerza la carretera que te queda por delante.

IM: Nuestra vida, nuestro pasado nos define. Ha construido usted un universo artístico paralelo que combina los dibujos animados y las Pinturas Negras de Goya. Todo deja su poso y nuestra mente intenta luchar contra ello. ¿Cómo sobrevive?

RK: Está claro que somos el libro que nos emocionó, la canción que nos puso el vello de punta, el cuadro que nos sobrecogió, la película que nos arrancó una lágrima. Pero también somos el libro que nos falta por leer, la canción que todavía no escuchamos, el cuadro del museo que no visitamos, la película que no hemos visto. En ese poso del que hablas yo tengo tanto ‘El Jardín de las Delicias’ de El Bosco (el primer cuadro que me capturó), como el episodio de ‘Hora de Aventuras’ dirigido por David O’Reilly. Y ambos tienen la misma responsabilidad en cómo es mi forma de pintar. Sobrevivo, pues, sin poner prejuicios a mis influencias.

“El que viva una situación de desamparo o violencia doméstica que lo cuente, todos tenemos algo de responsabilidad”

Rebeca Khamlichi

IM: Un informe de Save The Children recuerda que durante los últimos cinco años han muerto en España más de 100 niños por malos tratos, violencia machista, abusos sexuales o acoso escolar. Asimismo, durante 2016, el último año del que se tienen datos, se registraron 37.495 denuncias por parte de menores de edad. ¿Qué diablos está pasando y qué podemos hacer para iluminar ese miserable y oscuro callejón en el que quedan atrapados a veces miradas inocentes?

RK: Aunque resulte difícil de creer, en España a los menores fallecidos sólo se les contabiliza como víctimas de violencia de género desde 2013. No hace ni cinco años. Para iluminar esas miradas creo que lo primero que hay que hacer es no apartar la nuestra de esos ojos que nos necesitan. Es lo primero. Sentirnos responsables de lo que pase a nuestro alrededor. Pero detrás de eso, voluntarioso y humilde, tiene que haber mucho más compromiso de estado: políticas sociales, presupuesto, consenso y educación.

IM: ¿Qué mensaje de esperanza se le puede dar a aquellos que vivan situaciones de desamparo, violencia doméstica o malos tratos?

RK: Es difícil dar un mensaje universal, porque cada caso es único y diferente. Mi experiencia personal me dice que a pesar de lo oscura que pueda ser la vida, la luz se termina abriendo paso. Que hay que confiar y tener esperanza en nuestras posibilidades. Pero eso sólo es mi experiencia personal. No quiero pecar de ‘Míster Guonderful’. Será aplicable a unos casos. Y a otros no. Yo sí pediría que nadie se calle. Que cada cual que viva una situación de desamparo o violencia doméstica lo cuente. Y que lo mismo haga cualquiera que tenga conocimiento de ello. Que ahora hay muchos más mecanismos de ayuda que hace treinta años. Que ninguna de esas situaciones son “cosas de familia”, que todos tenemos algo de responsabilidad en que sigan ocurriendo.

“A veces más que una ilustradora de textos soy una escritora de imágenes”

Rebeca Khamlichi

IM: Conjugar artes plásticas y literatura es algo que no es nuevo para usted. Ha colaborado con otros autores como Fernando Rodrigo (‘Historias deliciosas’); ‘Semaforismos y Garabatonías’ junto a Zahara, publicado en 2014; o hace un par de años ‘La ballena azul’, el cuento creado por el periodista Nico Abad. ¿Cómo funciona ese proceso creativo de imaginar con palabras de otros?

RK: Es bastante diferente ponerle imágenes a palabras de otros que hacerlo a las propias. Diferente, pero no peor ni mejor. Me parece un gran ejercicio de empatía el tratar de meterse en la cabeza de alguien y dibujar lo que ese alguien dibujaría si supiese dibujar. Al trabajar para historias ajenas te evitas al vértigo de la página en blanco, ya tienes un mapa de hacia dónde tienen que dirigirse tus trazos. La principal diferencia que he notado al dibujar mis propias historias es que a veces llegan los dibujos antes que los textos. Tengo una imagen poderosa en la cabeza que llevo al papel y es después, una vez de pintado, cuando le terminan por brotar las palabras que lo explican. A veces más que una ilustradora de textos soy una escritora de imágenes.

IM: Hablando con algunos artistas de diferentes disciplinas han coincidido en la importancia de la educación primaria en las escuelas a la hora de saber valorar y amar el arte, la música y otras formas de expresión. No se otorga importancia a estas materias, como sí se hace con las matemáticas o la historia, por ejemplo. En concreto, sumando diferentes opiniones llego a entender que si conocemos las estructuras formativas de la creatividad, las personas sabremos distinguir entre las obras de interés y una producción de masas meramente prevista para el consumo. Un arte irreal que no ofrece ningún mensaje y sólo vela por el beneficio mercantil. ¿Cómo ve usted la escena artística actual en nuestro país?

RK: Dicen que la escuela tiene que ser nuestra segunda casa. Pero que nuestra casa tiene que ser la primera escuela. Muchas veces volcamos nuestras responsabilidades en los otros. Está claro el actual desinterés del sistema educativo por las humanidades. Pero quizá eso sólo refleje un desinterés general. Y eso que las redes han permitido un acceso apabullante a todo tipo de conocimientos y creaciones. Yo suelo decir que para ser quien fue Velázquez tuvo que viajar dos años a Italia con 480 ducados en los bolsillos para conocer el arte italiano. Y Bacon, para ser quien fue, tuvo que venir al Prado. Hoy, para conseguir algo parecido en conocimientos, casi te basta con hacerte una cuenta de Instagram. Podemos conocer más artistas que nunca en menos tiempo. Está claro que por ese tamiz se cuelan todo tipo de creadores. También imitadores de estilo que llegan a ser más conocidos que el artista al que copian. Afortunadamente también creo que, al final, sólo terminan quedando los que tienen que quedar. El resto son modas, como todas, pasajeras.

“El actual desinterés del sistema educativo por las humanidades sólo refleja un desinterés general”

Rebeca Khamlichi

IM: El Ministerio de Hacienda confirmaba hace unas semana la bajada del IVA cultural del 21 al 10 %. ¿Cómo cree que puede afectar esta a la creación artística en nuestro país?

RK: Creo que la creación artística, en origen, es ajena al tipo impositivo en el que esté fijado el IVA. No creo que ningún creador pinte, escriba, actúe, baile, componga pensando en si los impuestos están al diez o al veinte. Eso en cuanto a la creación pura y dura, que es una necesidad. Luego claro, está el consumo de esa creación, que es lo que hace que ese “creador por necesidad” no tenga que pasar “necesidades”. Y en eso todo lo que sea facilitar el consumo cultural me parece una idea maravillosa. Aunque también me gustaría hablar de la percepción que tenemos de lo caro que es un libro, un cuadro, una obra de teatro, o una entrada de cine. Cualquiera de estas cosas nos puede aportar algo que nos acompañará toda la vida: una reflexión, una frase, un sentimiento… Si repartimos su precio entre todos los días que nos quedan por vivir, sin duda, es una cosa muy barata. Mucho más que el recurrente ejemplo de los tres gin-tonics que lo único que aportan a nuestra vida es la resaca de una mañana de domingo. Es cuestión de prioridades.

IM: A partir del 24 de mayo, Rebeca Khamlichi expone su obra bajo el título ‘Entre un olé y un suspiro’ en La Causa Galería (Madrid). ¿Qué podremos encontrarnos en esta muestra?

RK: Ahí está una muestra de lo último que estoy pintando. Más realista que lo que solía hacer, quizá influido porque también el ilustrar ‘Las hijas de Antonio López’ me llevó a un punto más crudo y menos pop del habitual. También menos colorista. La exposición la componen dos series diferentes de obras, unos retratos de mujeres pintadas exclusivamente en tonos de azul y otra pintada exclusivamente en tonos de rosa. Además estas últimas tienen frases tatuadas en las caras: versos de coplas viejas con ecos mareros. Y además hay armas de colores. Y cruces rosas. Y rosas azules. Todo mezclado. Todo muy loco. Todo muy muy khamlichi.

Fotografías: Rebeca Khamlichi. Fotos de estudio Alberto Van Stokkum. Resto, Facebook oficial Rebeca Khamlichi.

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