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Entendiendo el origen de la revuelta electoral en Europa

14 diciembre, 2016

Casi tres elecciones en España, el Brexit o el referéndum italiano con la renuncia de Mateo Renzi. Estos son algunos de los revulsivos políticos que ha experimentado Europa en 2016

Europa

Y hay más por venir en 2017: las elecciones en  Holanda, Francia y Alemania prometen no dejar indiferente a los ciudadanos de estos países pero tampoco al conjunto de la Unión Europea.

El equipo de Kantar Public ha estado analizando las opiniones de los europeos en el último año para tratar de encontrar las raíces comunes de esta disrupción política explorando los datos del Eurobarómetro (realizado por Kantar Public) para comprender el impacto de los temores sobre el desempleo, el nivel de vida y la inmigración.

Muchas personas consideran que los resultados de las últimas elecciones en distintos países de Europa se deben principalmente a la recesión económica y a sus repercusiones. Es más, los indicadores de tensión dentro de la Unión Europea han alcanzado niveles cercanos a la alerta roja en los últimos años.

Los europeos siguen viendo el desempleo como el principal problema que enfrenta su país, pero desde una perspectiva más personal les preocupa más el costo de vida.

Más concretamente, casi dos tercios de los europeos dicen que la situación laboral es mala en su país (65 %). Las mayorías comparten esta visión negativa en casi todos los Estados miembros, especialmente en Grecia (99 %), España (96 %), Francia (90 %) y Portugal (90 %), países fuertemente afectados por la crisis económica.

Brexit1En términos más generales sobre la situación económica, el caso del Reino Unido es particularmente interesante, y revelador.

Lo sorprendente del Eurobarómetro realizado en mayo de 2016, poco antes del referéndum sobre el Brexit, no fue tanto que los encuestados británicos estuvieran ansiosos por la situación económica nacional (53 % lo calificaron de bueno) sino que hubo una discrepancia entre esta evaluación optimista de la economía nacional y el juicio mucho menos seguro (30 %) de la salud económica de Europa.

Este es el trasfondo de algunas de las motivaciones de los votantes británicos que pensaron, el pasado mes de junio, que su futuro podría ser mejor fuera de una Europa que consideran desfavorecida económicamente e insuficientemente preocupada por sus intereses (una opinión compartida por el 54 % de los encuestados).

Otros países también comparten la sensación de que viven en una Europa que está a por detrás de su propio país en términos económicos. Este es el caso en particular de Alemania, Suecia, Dinamarca, Países Bajos y Austria.

Desconfianza en el ‘establishment’ y nostalgia del pasado

La consecuencia lógica es que a los europeos, y en particular a las personas de los grupos más vulnerables, les resulta difícil ver un futuro alentador. El 57 % de los que dicen tener dificultades para llegar a fin de mes, ha perdido la confianza en el futuro, al igual que el 44 % de los desempleados y una proporción equivalente de los que tienen unos niveles de educación más bajos.

Este pesimismo también está teñido de nostalgia: La mayoría de los europeos (55 %) está de acuerdo en que la calidad de vida ‘era mejor antes’. Esta proporción es la más alta (75 %) entre los que tienen más dificultades financieras.

También se sienten mal por su dificultad para encontrar puntos de contacto positivos en el mundo que los rodea. Hoy en día, la globalización evoca sentimientos negativos para la mayoría de los grupos vulnerables mencionados anteriormente.

La inmigración, vista como el principal problema de la Unión Europea (48 %), ha acentuado ciertas tensiones. Para casi seis de cada diez europeos (58 %), la inmigración de personas procedentes de fuera de la Unión Europea provoca sentimientos negativos.

Ser escuchados en Europa

Más allá de lo que algunos han visto como una oleada de protestas de los votantes en busca de un nuevo marco económico de referencia, los últimos resultados electorales han estado alimentados por la retórica que desafiaba a las ‘élites’ y a las reglas de la democracia misma.

Un ejemplo de ello es que los europeos son aún más críticos con quienes los gobiernan e informan que con la situación económica.

Los partidos políticos están en la actualidad muy desacreditados: casi 8 de cada 10 europeos no confían en ellos (78 % frente al 15 % que sí lo hacen). De media, los gobiernos nacionales apenas mejoran (68 % ‘desconfían’ de ellos) y la Unión Europea cuenta con la confianza de solo un tercio de los europeos.

Tampoco se salvan los medios de comunicación, ya que hay la sospecha general de que están demasiado cerca de los poderes políticos y económicos. Una estrecha mayoría de las personas encuestadas (53 %) creen que los medios de comunicación proporcionan información fidedigna. Pero casi 6 de cada 10 (57 %) creen simultáneamente que esta información está influenciada por prejuicios políticos o comerciales.

Sobre estas frágiles bases, casi la mitad de los europeos considera que la democracia no funciona bien en su país (47 % frente al 51 %), opinión sostenida por el 64 % de los desempleados en Europa y el 71 % de los que tienen dificultades financieras.

¿Qué podemos decir entonces de estas ‘mayorías silenciosas’ que han sido decisivas durante las últimas votaciones, que insisten en que son ignoradas por la élite y que ciertos líderes y partidos, sin embargo, creen representar?

En otoño de 2016, un 44 % de los europeos dijeron que sentían que su voz no contaba en su propio país. El 64 % de los europeos que están desempleados, y el 71 % de los europeos que tienen dificultades financieras lo afirman.

El uso de las urnas para romper las reglas del juego parece haberse convertido ahora en la manera de hacer que estas objeciones sean escuchadas.

Gráfico: Kantar Public; Fotografías: Archivo Pixabay.

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