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“Sabremos mantener el control de las máquinas y el avance tecnológico será muy útil y positivo”

25 julio, 2018

Con Miguel Almeida (Lisboa, 1970) hablamos sobre su nuevo proyecto ysi.., el mundo de la tecnología, y el tejido industrial y emprendedor en España. Una charla muy interesante que acompañamos con la canción ‘Kayleigh’ de Marillion, elegida para nuestra lista de reproducción Impasse Mag en Spotify. Mientras consideramos los pros y contras de emprender en nuestro país, Almeida, valora el desarrollo tecnológico y el beneficio para la humanidad

Miguel Almeida

ImpasseMagEmpecemos hablando de su nuevo proyecto. Una empresa tecnológica con mayoría de capital español y un 37 % de inversión noruega y sueca, fundada entre usted y Christian Nyborg (cofundador, entre otras, de MásMóvil). Díganos en tres líneas en qué se fundamente ysi y cuál es su línea de negocio.

Miguel Almeida: ysi… hace de puente entre las necesidades de la gente en cuanto a las telecomunicaciones y toda la oferta comercial que hay en el mercado. Ayuda al cliente a descubrir cuál es el producto más adecuado teniendo en cuenta sus criterios de elección. Es un concepto sencillo pero que tiene enormes desafíos detrás. Resolver estos desafíos requiere de un desarrollo tecnológico muy potente, y ese es nuestro reto.

IM: La plataforma online ha sido desarrollada a partir de tecnologías que combinan inteligencia artificial, macrodatos y neurociencia para la recopilación y el tratamiento de la información. ¿Podemos conocer tanto de una persona conectada a un ordenador de una forma fiable?

MA: Se puede conocer a una persona básicamente de dos formas. En primer lugar, por lo que nos cuenta sobre sí mismo. En segundo lugar, por la información que se recopila sobre la persona sin que ella lo sepa. Prácticamente desde que surgió internet se utiliza la segunda vía, de hecho empresas como Google o Facebook tienen su negocio basado en ello. Nosotros apostamos por el modelo A, o sea, por preguntar a la gente qué prefiere, qué necesita, qué quiere y qué desea. A partir de ahí, con modelos avanzados, como por ejemplo la inteligencia artificial (IA), se consigue saber mucho sobre las preferencias y necesidades de esa persona. Además, aunque cada uno de nosotros nos creamos únicos -y evidentemente lo somos a nivel de ADN-, en realidad somos animales sociales y de hábitos; así que con las características individuales y bajo consentimiento, también podemos estudiar perfiles de preferencias con la información que nos aportan los demás. Esta es la base de la economía colaborativa. Es cuestión de coger conceptos ya existentes, por ejemplo la comparación de productos, y añadirles la IA. Respecto a la fiabilidad, es normal que el modelo 2 sea más fiable que el 1, es decir, que la información recabada a escondidas sea más reveladora que la obtenida por libre voluntad, ya que con esta se puede mentir. De hecho, es esa la razón por la que las empresas a menudo optan por ese modelo 2, sobre todo porque no se preocupan en resolver un problema a los usuarios, sino en saber lo que sea de ellos para venderles algo, que encima normalmente ni siquiera necesitan o quieren. A los consumidores esto no nos gusta. En ysi…, como estamos del lado de la gente para servirles, apostamos por el modelo 1 y nos centramos en ofrecerles valor real para que elijan voluntariamente por darnos esa información personal de manera veraz. En definitiva, para que les ayudemos con sus necesidades reales y no para molestarles con productos que no quieren.

“Emprender no es sólo una cuestión de riesgo en el ámbito profesional, también es una estrategia de vida”

Miguel Almeida

IM: Airnbn o Uber, como ejemplos internacionales, o Wallapop en España. Ejemplos de compañías de éxito que han basado su negocio en la llamada economía colaborativa. Su portal también se inspira en ese espíritu pero, ¿cómo conseguir valor de las necesidades de un consumidor?

MA: La justificación social para que una empresa exista es su objetivo de resolver un problema en la sociedad, ¿verdad? Así que si para el problema actual de conseguir el producto que mejor se me adecúa a mis necesidades concretas teniendo en cuenta mis propios criterios de consumo (como las características del servicio, el precio, etcétera) podemos proveer una solución sólida, estamos generando valor en la sociedad. Todos los ejemplos mencionados lo hacen de una u otra manera. En ese sentido, ysi… no es excepción. Sabiendo todas esas necesidades de consumo podemos proporcionar el valor de conseguir el producto, o conjunto de productos, que satisfagan esas necesidades de manera rápida y fehaciente. Y además, de una manera real, no de una forma que sólo lo parezca. Esto tiene un valor importante tanto para el consumidor como para las empresas que son proveedoras de esos productos, sobre todo si están interesadas en servir sus mejores productos al mercado. Lo que extraño es lo opuesto: ¿Cómo ofrezco o recomiendo un producto a un consumidor si no sé cuáles son sus necesidades particulares? En este caso, ¿les estaré resolviendo un problema o creándoselo?

IM: En los últimos años, había desarrollado su actividad en la firma MásMóvil. ¿Qué le lleva a querer emprender y montar una empresa casi de cero?

MA: Yo empecé mi carrera hace 25 años en la entonces llamada Telecel en Portugal (hoy es Vodafone Portugal). Tras cuatro años como empleado –y aprendiendo muchísimo allí, por lo cual estoy extremadamente agradecido– me di cuenta que mi personalidad, mis características y mis fortalezas se centran más y mejor en emprender y crear cosas de cero (o casi) que en estar de manera permanente contratado por cuenta ajena en empresas, ya sean grandes o pequeñas. Desde entonces siempre he trabajado a nivel de emprendimiento, de varias maneras y en varias formatos. Masmovil es un ejemplo de ello. Allí empecé desde el inicio, en 2006, ayudando a lanzar la empresa junto con los dos únicos emprendedores y responsables de ello: Meinrad Spenger, que hoy sigue como consejero delegado del Grupo Masmovil, y Christian Nyborg, que ha salido de Masmovil y hoy es, conmigo, cofundador de ysi… y presidente de nuestra empresa. Para mí, emprender no es sólo una cuestión de que te atraiga el riesgo (aunque luego en realidad el trabajo del emprendedor es minimizar ese riesgo), sino también una estrategia de vida que va más allá del ámbito exclusivamente profesional y cuadra con la manera con la que entiendo y veo la vida en general. En resumen, es la manera que mejor va conmigo para crear valor real en la sociedad.

“En España hay aún una arraigada vena de ‘cortoplazismo’ en muchos inversores que sólo se plantean los proyectos si les retorna un beneficio en un par de meses”

Miguel Almeida

IM: Para las asociaciones de jóvenes empresarios y especialistas consultados, el principal problema para emprender es la búsqueda de financiación. Cuéntenos su experiencia y qué necesita mejorar el tejido emprendedor/empresarial de nuestro país.

MA: Coincido con esa visión en cuanto al diagnóstico, pero mi visión del problema puede ser un poco diferente a la de otras personas. Creo totalmente (y esto no lo inventé yo) que las ideas son a un céntimo la docena. Lo realmente importante en un proyecto es la implementación de las ideas, es decir, el equipo o conjunto de personas que lleva ese proyecto. Muchos inversores a la hora de financiar un proyecto apuestan más por el equipo que por el concepto o plan de negocio. Y aunque esto tiene mucha importancia, en realidad tiene menos peso que el capital humano del proyecto. España debe mejorar en los dos lados de la ecuación, tanto emprendedores como financiadores. Las ideas y las ganas de implementarlas existen. También el capital para invertir, es más, en los últimos años hemos visto un incremento. Pero hay muchos emprendedores que no saben montar un equipo capacitado para llevar un proyecto al éxito (y algunos de ellos ni se dan cuenta de que no lo saben). También he conocido inversores que no saben evaluar las capacidades reales de un equipo para ese mismo objetivo. La consecuencia final es que hay proyectos que terminan siendo financiados cuando no debería ser así, y otros que no lo son cuando lo merecen. Además, en España hay aún una arraigada vena de ‘cortoplazismo’ en muchos inversores, aunque afortunadamente no todos, que sólo se plantean los proyectos si les retorna un beneficio en un par de meses. Puede funcionar con algunos proyectos (normalmente de bajo valor, en mi opinión), pero el emprendimiento a gran escala siempre hay que idearlo con una perspectiva a largo plazo. Esto es algo que aún tiene que cambiar en la cultura española. También me gustaría incidir sobre un tema que considero extremadamente importante, como son los trámites para hacer que la financiación sea efectiva. Como he dicho antes, en  ysi… gran parte de capital es extranjero. A la hora de aportar ese capital, que es una Inversión Extranjera Directa en el país (IED), la burocracia necesaria es tan exigente que pueden alejar a los inversores. No por dejar de creer en el proyecto, ni siquiera en el país, sino por los quebraderos que les supone. Me parece que la IED es un instrumento suficientemente importante para que cualquier país lo tenga en cuenta. Y en este punto, España necesita mejorar.

IM: Un estudio contrasta que surge una media de 54 nuevos emprendedores cada día. El protagonismo absoluto es de empresas relacionadas con el comercio, la alimentación o la hostelería. No hace mucho, emprender en tecnología e innovación suponía emigrar a Estados Unidos y crecer en Silicon Valley. ¿Considera Miguel Almeida que esto ha cambiado?

MA: Hay que ver la realidad histórica del país. El sector del turismo/hostelería tiene un peso importante en la economía española, así que veo algo lógico que aún tenga ese protagonismo en el campo del emprendimiento. Hay que tener en cuenta que muchos emprendedores lo son por necesidad y que esos sectores son proclives para ello. La tecnología y la innovación ya tienen un peso muy importante no sólo en términos económicos, también en las propias iniciativas de los emprendedores. La necesidad de irse fuera surge a veces por razones como las que comenté anteriormente: muchos proyectos tecnológicos son a largo plazo y necesitan un tiempo suficiente de desarrollo para generar el gran valor que aportan; la financiación no se adecúa a las mentalidades cortoplazistas; y la IED pone barreras importantes para que esa inversión entre en España. La consecuencia de combinar estos tres factores es que esas ideas y la capacidad de implementarlas tenga que irse a fuera en vez de seguir en España. Es una pena que pase esto.

IM: Ha explicado recientemente que las grandes marcas tecnológicas se apuntan al low cost. Una estrategia que pretende atrapar al cliente mediante ofertas. Díganos, ¿en qué consiste esta línea de negocio y cuáles son sus fundamentos?

MA: Hay que aclarar una cosa: low cost en sí mismo no significa, como a menudo se cree, bajo precio. Low cost es un modelo de estructura de costes de empresa, que a la vez opera bajo un concepto por lo cual alquila determinados componentes de su servicio desde otra/s empresa/s. Con eso consigue obtener menores costes operacionales y ofrecer diferentes productos al mercado y a los consumidores. Esto lo vimos primero en las aerolíneas, dónde se aplicó el concepto en los años 90, antes de extenderse a otros sectores, entre ellos el de las telecomunicaciones. Los productos que estas empresas ofrecen pueden tener menores precios que los de las empresas que no son low cost, precisamente porque con menores costes internos se puede reducir el precio de oferta al mercado. Normalmente esto significa operar con productos de bajo valor añadido aunque no tenga que ser necesariamente así porque los dos conceptos—low cost y bajo precio—no son sinónimos. Por eso lo de atraer clientes no difiere de cualquier otra empresa: hay que tener una oferta de valor al cliente para que este quiera consumir un producto o servicio. Como muchas empresas que operan bajo el modelo low cost son proveedores de comodities -productos donde el valor diferencial está virtualmente sólo en el precio- solemos ver que ese parámetro es el más usado para su mensaje de marketing y por este motivo se ha generado esa confusión entre el modelo y el precio. El mundo low cost se volvió una realidad a la hora de atrapar clientes precisamente por esa combinación de factores: productos ‘comoditizados’ donde el único valor percibido por el cliente está en el precio. Que las marcas tecnológicas se apunten al low cost refleja precisamente una tendencia de que la tecnología se vuelve -en determinadas áreas- cada vez más ‘comoditizada’. Como consecuencia, surge una espacio para ofertas alternativas de tecnología que se diferencien por criterios de mucho mayor valor empresarial que el precio de mercado de sus productos y servicios.

“El emprendedor necesita convencer al inversor que su proyecto merece la financiación, pero el inversor también necesita convencer al emprendedor que su aportación es adecuada para ese proyecto”

Miguel Almeida

IM: Lo ha mencionado anteriormente, y yo siempre he tenido esa sensación. Las empresas de capital de riesgo solamente invierten en proyectos que solucionen de forma rápida la restitución de la financiación aportada. Si me detengo en España, las ventures apuestan por empresas tecnológicas o ideas que vendan una app y saquen beneficios rápidos. Quizá esté simplificando demasiado, pero tengo la sensación de que no se apuesta por grandes proyectos a largo plazo, por ejemplo, en sectores de energía, tratamiento de datos o medicina. ¿Qué piensa al respecto?

MA: Desgraciadamente, usted no está simplificando. Es una realidad con la que los emprendedores tienen que lidiar actualmente en España. Pero como he comentado anteriormente, ni todos los inversores ni todas las empresas de venture capital piensan de esa manera. También hay espacio para los grandes proyectos. En este sentido, como emprendedor tengo una opinión muy clara. Si tengo un proyecto en el que creo profundamente y para el que necesito financiación, quiero encontrar los inversores que, por su propia cultura, estén alineados con mi forma de ver las cosas. Es con ellos con los que quiero hablar, no con los otros. Algunos emprendedores asumen que al hablar con un inversor tienen que venderle su concepto para que lo acepte, sea como sea. Yo discrepo de esta actitud y considero que es una venta mutua: el emprendedor necesita convencer al inversor que su proyecto merece la financiación, pero el inversor también necesita convencer al emprendedor que su aportación es adecuada para ese proyecto. Cuando hay alineamiento, se consigue rápido. Cuando no la hay, es imposible. Hay inversores que presumen de ser una autoridad a la hora de determinar si un proyecto es o no merecedor de financiación. Pero que en realidad entienden poco o nada del proyecto que están estudiando y menos aún del equipo que hay detrás. Esto es una tendencia frecuente en España en los proyectos de largo plazo por la generalizada mentalidad cortoplazista.

IM: ¿Qué opinión le merece la nueva legislación sobre privacidad y protección de datos en la red?

MA: Es una ley muy positiva. Antes que emprendedor soy consumidor. Y como tal, no me gusta nada lo que considero un abuso por parte de las empresas del uso de mis datos y demás información personal –como por ejemplo el histórico de navegación– sin mi consentimiento, y a veces sin mi conocimiento, para mandarme ofertas de productos y servicios que ni me interesan ni he solicitado. Por lo tanto, valoro la privacidad en la web y el derecho a no ser bombardeado con publicidad no deseada. Esta modificación en la legislación de protección de datos está acorde con nuestro concepto como compañía y nuestros valores. Los datos personales se usan con consentimiento y para ayudar directamente a los usuarios, no se hace a escondidas para bombardear a la gente de forma abusiva e incluso de manera generalizada, o sea sin una segmentación adecuada que permita ofrecer a cada persona lo que realmente le conviene. Creo que todas las empresas que respetan a los clientes y a los usuarios deben valorar positivamente esta legislación.

IM: El volumen de negocios de las empresas del sector de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) alcanzó los 90.111,3 millones de euros en 2016 (últimos datos conocidos), según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La estadística remarca que el número de empresas del sector TIC en España alcanzó durante el ejercicio 2016 las 66.155, de las que 1.491 eran compañías manufactureras y 64,664 empresas que ofrecían servicios relacionados con las TIC. ¿Qué le parecen estos datos y en situación se encuentra nuestro país en comparación con otras naciones europeas y del resto del mundo?

MA: Si hacemos la cuenta partiendo de estas cifras, vemos que la facturación media por empresa sale a un 1,36 millones de euros, lo que demuestra una dimensión algo baja. Partimos de la base que algunas facturan mucho más que la media y otras mucho menos, pero hablo en general. En mi opinión, esto refleja precisamente la poca visión estratégica de España en el sector TIC en comparación con otros países, como por ejemplo EEUU o Israel. Por un lado, España está capacitada para crear el próximo Amazon o el próximo Apple, porque cada unicornio empresarial depende fundamentalmente del equipo que lo compone y de cómo gestiona los condicionantes que se encuentra. Sin embargo, aún no dispone de algunos factores que sí tiene Estados Unidos por ejemplo, como es la cultura empresarial del éxito y los fallos asociados.

“España está capacitada para crear el próximo Amazon o el próximo Apple, pero aún no dispone de cultura empresarial del éxito y los fallos asociados”

Miguel Almeida

IM: Recientemente he leído el último libro del escritor Dan Brown (autor de ‘El código Da Vinci’). En ‘Origen’, una historia que transcurre en España, reaparece el concepto de technium, que si no recuerdo mal introdujo por primera vez el escritor Kevin Kelly. A partir de un giro argumental, que no vamos a desvelar del todo para quien quiera leer la obra, se presenta la posibilidad de que la tecnología, las máquinas, acaben con la humanidad, o al menos la absorban, y se aprovechen de ella, siendo la séptima especie de vida predominante en la Tierra no dentro de muchos años. A un especialista en tecnología como usted, ¿qué le parece este futuro distópico? ¿Estamos en manos de las máquinas?

MA: Recordemos que el mismo Kevin Kelly, que con el technium no pretendía criticar el desarrollo cibernético sino la probabilidad de que las máquinas acaben con la humanidad, es defensor de la singularidad, como bien se demuestra en su libro más reciente ‘The Inevitable’. Según este concepto, el desarrollo cibernético camina hacia un punto de inflexión a partir del cual las máquinas asumirán un papel preponderante en nuestras vidas, mucho mayor que lo actual. Pero de ahí a creer en una necesaria distopía hay un mundo. Históricamente, cada vez que se introduce o desarrolla una nueva tecnología ha existido la posibilidad de que su uso fuera erróneo y siempre se han alzado voces críticas. Personalmente, confío en que la humanidad sepa lidiar con las tecnologías futuras para que supongan un avance para nuestra especie y no sea nuestro fin. Que sabremos hacer lo necesario para que esas tecnologías nos apoyen y mejoren nuestras vidas en vez de exterminarnos. Grupos como el High-Level Expert Group on Artificial Intelligence de la Comisión Europea, entre otros, trabajan ya para establecer estrategias y políticas que impedirán un futuro catastrófico. Acordémonos también del reciente caso de Facebook, que al descubrir por su grupo de pesquisa que sus robots estaban creando su propio lenguaje no humano (aunque no estaba generando problemas, no era útil para el estudio), pararon el proyecto. La palabra clave aquí es pararon. Es decir, no se quedaron a esperar cuál era el siguiente paso que darían las máquinas. Por eso confío plenamente que sabremos, como especie, mantener el control de la situación. Y como consecuencia el avance tecnológico nos será muy útil y positivo.

IM: Precisamente, acerca de este tema, afrontábamos con Enrique Dans una interesante reflexión sobre un futuro donde, en una sociedad post trabajo en pleno auge tecnológico, las máquinas sustituirán a los humanos, y estos solamente trabajarían de forma voluntaria. ¿Cómo se imagina usted esa relación en el ámbito laboral?

MA: Creo que la sustitución de los humanos por las máquinas, y en consecuencia el futuro del trabajo, es bastante más complejo de lo que parece. Existen varias maneras de analizarlo y varios resultados posibles, es decir, puede evolucionar de distintas formas, con lo que prever a día de hoy el futuro en este sentido es muy complicado. En un futuro hipotético, si las máquinas hacen todo el trabajo y los humanos se emplean de forma voluntaria, esto supone que siempre habrá trabajo para el ser humano. Además, al igual que ha ido ocurriendo cada vez que ha aparecido una nueva tecnología, el ser humano se va regenerando en nuevos puestos de trabajo. De este modo, durante los últimos siglos han ido desaparecido profesiones para ser sustituidas por unas nuevas que encajan con la nueva realidad (en este punto podemos parafrasear de nuevo conceptos de Kevin Kelly, como por ejemplo las tareas de mantenimiento de la tecnología antes de que esta pueda autoabastecerse). Seguirá siendo útil y necesario para la sociedad que la gente siga trabajando, aunque tal vez con menos horas y más tiempo libre. Muchos estudios demuestran que nosotros, los seres humanos, necesitamos tener nuestra mente ocupada con algo. Así, aunque suene genial, el ocio permanente no es sostenible en nuestras vidas. Ya sea con trabajo (si llamamos de manera formal) o con cualquier otra actividad, necesitamos esa ocupación mental. En ese sentido, a día de hoy es muy importante que tengamos intereses fuera del trabajo que nos ayuden a disfrutar la vida y, frecuentemente, nuestras aficiones requieren de bastante involucración mental. Si en un futuro el componente de ocio aumenta, supone que sea más necesario aún que cada persona tenga esos intereses lúdicos extra de trabajo. Además de las relaciones personales con la familia y los amigos, tener aficiones es y seguirá siendo importante para nuestro bienestar mental. Personalmente, mi estrategia de vida tiene tres componentes. Una de ellas es ‘Crear Arte’, donde disfruto de mi pasión por la fotografía de paisaje, algo que una máquina quizás pueda hacer en el futuro pero que no me quita a mí la posibilidad ni el gusto de hacerlo. Además, dudo que la máquina lo pueda hacer por mí, sobretodo de manera creativa.

Fotografías: ysi.

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