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Los 13 momentos clave durante el juicio del procés

10 octubre, 2019

Hace casi cuatro meses que el Tribunal Supremo echó el cierre al que se consideró hasta el momento el juicio de los juicios. El juicio del procés. Políticos como acusados y también como testigos, eternos rifirrafes, un presidente del tribunal que se convirtió en protagonista… y otros muchos momentos que merece la pena recordar.

juicio del procés

1.- La primera fotografía

Era el primer día, 12 de febrero de 2019, y el fotógrafo de la Agencia Efe Emilio Naranjo ya lo captó todo. Un retrato público de las amistades y enemistades en las entrañas del independentismo catalán: El president Quim Torra entra en el Salón de Plenos del Supremo y saluda a los 12 acusados, que se giran para corresponderle con gesto y sonrisas. Tres le esquivan.

Son el denostado Santi Vila, que manifiesta cabeza arriba su profunda discrepancia; Carles Mundó, que discretamente prefiere mirar a sus compañeros; y Oriol Junqueras, que no se vuelve. Su mirada al frente capta la atención de todos. Al contrario que Torra, aparece desenfocado pero, como él, ocupa un extremo de la composición. Entre medias, un mundo. Y un juicio también.

2.- Junqueras, acusado entre acusados

El 14 de febrero todos querían saber qué diría el exvicepresident tras más de un año en prisión. Llegó el momento y Junqueras sorprendió con una renuncia a defenderse jurídicamente (solo contestó a su abogado) a cambio de un alegato de paz que se pareció mucho a un mitin político.

Se presentó como «preso político» -un papel que rechaza la Fiscalía, que le ve el «motor de la rebelión»– y quiso resaltar el pacifismo del movimiento soberanista, ejemplificado en los claveles y el Virolai (himno religioso) del 20S. Un discurso en el que sobresalió una frase muy sonada: «Yo amo a España. Amo a la gente y a la cultura española».

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3.- Políticos testigos

Jurídicamente, en general apenas aportaron nada relevante, pero políticamente sus relatos fueron cartografiados fuera de la Sala. Artur Mas deslizó un posible retorno a la política; Juan Ignacio Zoido sudó la gota gorda; Soraya Saénz de Santamaría enseñó los dientes, y Cristóbal Montoro se enmendó a sí mismo. Entre ellos, sobresalieron dos:

Rajoy trajo el ‘marianismo’ más puro. Su particular lenguaje de manos y sus recurrentes ‘no recuerdo’ acreditaron su nivel de incomodidad. Respondió a todo pero no dijo nada. Todo lo contrario que el lehendakari Urkullu, que desveló los detalles íntimos de unos meses de diálogo imposible para intentar frenar la declaración de independencia. Desnudó a Rajoy y a Puigdemont al decir que ni uno quería DUI ni el otro el 155. Vila escuchó atento; él fue parte.

4.- El juez Marchena 

Sin quererlo, se convirtió en el protagonista y casi lo sigue siendo al ser el ponente de la sentencia. Consciente de que todas las miradas estarían sobre él, dirigió el juicio con firmeza y ciertas dosis de locuacidad. Severo cuando había que reconvenir a las partes, pero sin olvidar su habitual cortesía y corrección británica. «Está haciendo escuela», decían magistrados próximos a él.

Se recordarán sus colisiones con ciertos letrados («No me replique, no discuta conmigo»); sus (escasos) límites con testigos de las defensas («Esto es un insulto a los miembros del tribunal»); cuando empuñó el Código Penal ante testigos desmemoriados; sus respuestas a los renuentes a responder a Vox («Estamos todos aquí por imperativo legal») y su recado a un mosso («Está usted ante la autoridad judicial»).

5.- Fiscalía implacable

Así empezó el juicio y así lo acabó. Firmes en la rebelión, los fiscales no se movieron un ápice de su posición inicial y lideraron una dura acusación por la que piden 25 años para Oriol Junqueras.

Pero su manejo en el arte de interrogar llegó a ser cuestionado dentro y fuera de la sala por algunos errores o por dejarse en el tintero asuntos relevantes. Ahora bien, en el momento de los informes, disciplina que dominan a la perfección, volvieron a demostrar que se lo sabían y que iban a por todas.

6.- Negociación fallida

En el juicio quedó constancia de que sí hubo intentos de mediación. Se contó cómo Puigdemont propuso a Urkullu que mediara con Madrid y a Vila que desarrollara «una aproximación» con «interlocutores políticos, religiosos y del mundo de la empresa». Rajoy negó la mayor; él solo «escuchó». El lehendakari explicó que ni uno quería el 155 ni el otro la DUI, y que la madrugada del 26 de septiembre se alcanzó un acuerdo para ir a elecciones.

El decreto estaba listo, pero se decidió esperar a anunciarlo por la mañana. Demasiado tarde. El acuerdo se filtró y, según Vila, Puigdemont cedió a la presión de la calle.

7.- El mosso Trapero

Consciente de que sus palabras resonarían en la Audiencia Nacional, donde está pendiente de juicio por rebelión, el mayor de Mossos llegó dispuesto a contarlo todo. Y lo hizo. Levantó un muro con un Govern al precisar que pidieron que desconvocaran el 1-O ante la posible violencia y que planearon la detención de Puigdemont, con quien solía codearse.

Un golpe de efecto que llegó al final de una declaración de alto voltaje en la que a punto estuvo de irse todo al traste por un error técnico de Vox, que no hizo la pregunta clave en el interrogatorio. Lo enmendó el tribunal al retomar la cuestión y con ello Trapero marcó definitivamente distancias con el proyecto independentista.

8.- Secretaria judicial

Para algunos, estremecedor y ejemplo de lo que se vivió en Cataluña; para otros, exagerado. El de la secretaria judicial del registro a la Conselleria de Economía el 20-S fue uno de los grandes testimonios, por el que sin embargo recibió mensajes amenazantes.

No se la vio (a petición propia) pero sí se la oyó cuando relató el «miedo» de aquel día, ante el «mar de gente» que se concentraba. Tan grave era que pidió un helicóptero para salir; no se lo concedieron. La alternativa fue saltar un muro hasta el teatro contiguo, por el que salió camuflada entre mossos, tras más de 17 horas de registro. Un relato de película que para ella fue realidad.

9.- Agentes y votantes

Del «nos estaban machacando» de los agentes al «vinieron a por nosotros» de los votantes. Dos frases parecidas si no vinieran de quienes vienen. Son los protagonistas de los dos relatos; ejemplos también de que en el juicio del procés una misma imagen tiene dos interpretaciones opuestas.

Durante semanas agentes denunciaron haber sido insultados, escupidos y agredidos de mil maneras durante el referéndum -declarado ilegal- del 1 de octubre de 2017, un relato que estaba en las antípodas de la idea de «fiesta» que dibujaron los votantes, que destacaron el ambiente pacífico de la jornada, roto por el «miedo» a las cargas policiales, que consideraron excesivas y humillantes.

10.- El polígono del 1-O

El referéndum se gestó en los edificios más solemnes de Barcelona pero se consumó en uno de sus polígonos. Fue el momento más surrealista del juicio. Un exdirectivo de la empresa postal Unipost se desplazó un sábado de septiembre allí para encontrarse con unos transportistas que no conocía, que le «pasaron» el material electoral desde una «furgoneta blanca» y sin entregarle «ni un triste papel».

11.- Vídeos en la sala

El Supremo tuvo dos jornadas de cine. En la cartelera, vídeos del 20-S, escraches, cargas policiales del 1-O y la actuación de los votantes en los colegios. Se vio lo peor de cada parte: policías saltando sobre personas; ciudadanos arrojándoles sillas. Para el recuerdo, el descontrol de los fiscales que no hicieron filtro previo al poner vídeos repetidos, muchos sin fecha ni lugar.

12.- Rechazo a Vox

No responder a Vox es ya una marca del juicio del procés. Ningún acusado lo hizo. Por dignidad y principios, dijeron. Ellos sí podían; los testigos, no. Los que procedían de Cataluña (especialmente los ataviados con lazos amarillos) se retorcían cuando Marchena les recordaba que no tenían opción de no responder. Muchos añadían la fórmula «por imperativo legal». Menos dos. Eulalia Reguant y Antonio Baños, multados con 2.500 euros.

13.- Las últimas palabras de los acusados

«Lo mejor para todos sería devolver la cuestión al terreno de la política, de la buena política, del diálogo, la negociación y el acuerdo, de donde no debería haber salido». Con ese deseo cerró su turno de última palabra Oriol Junqueras. «El Poder Judicial no puede resolver un problema político», añadió Jordi Sànchez; «No me arrepiento. Volvería a hacer lo mismo», proclamó Jordi Cuixart.

Unos alegatos en los que resonaron palabras como «dignidad», «no violencia», «injusticia» o «derecho a protestar».

Fotografías: Emilio Naranjo/ EFE/ Dani Dunch/ EFE.

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