open

“Prefiero cagarla a no hacer nada más por miedo a que digan que no soy un genio”

1 julio, 2015

A Isabel Coixet (Barcelona, 1960) le encanta rodar en Estados Unidos. Puede presumir de haber trabajado con grandes nombres de Hollywood en sus películas. Últimamente lleva un ritmo a lo Woody Allen, estrenando al menos un filme por año. El último es ‘Aprendiendo a conducir’, con Ben Kingsley y Patricia Clarkson. Nos citamos con ella junto con otros medios en un hotel céntrico en Madrid. Se crea un ambiente tan agradable que la directora no duda en alargar los quince minutos apalabrados a una charla de casi media hora. Esta entrevista cambia los esquemas habituales de Impasse Magazine, pero no por ello es menos interesante

Isabel Coixet

Pregunta: En ‘Aprendiendo a conducir’ se ha acercado a la comedia. Venía de hacer un drama como es ‘Ayer no termina nunca’ y también una película de terror como ‘Mi otro yo’. ¿A qué se deben estos cambios de registro?

Isabel Coixet: Es divertido. No sé, han sido cosas que han ido saliendo. En ‘Ayer no termina nunca’ fue una película que me empeñé muchísimo en hacerlo, quería ver cómo era esto de contar una historia solamente con dos personajes en un lugar desolado. En la historia del cine ha habido directores que han hecho historias muy eclécticas con diferentes resultados, a veces metes la pata. Lo que sí te puedo asegurar que el género de terror es algo que no pienso volver a hacer. Ahí salí pensando que no es lo mío, fue una experiencia tremenda por muchos motivos. Está bien hacer cosas nuevas, probar que puedes hacerlas o justamente lo contrario. No llevo ningún plan, voy encontrando materiales que me gustan o me inspiran.

Pregunta: De repente, una película `superluminosa´

IC: Resacón en las Vegas no es (risas). Cuidado.

Pregunta: ¿Necesitaba el cambio?

IC: La verdad es que cuando Patricia (Clarkson) me pasó el relato, tampoco lo vi como una cosa tan alejada de lo que ella había hecho. Lo que sí que es verdad es que el tono no me parecía que fuera de tragedia, sino que tiene ese punto tragicomedia agridulce amistad con tintes románticos. A mí la historia me tocó mucho. Lo que pasa es que yo la leí hace ocho años. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, en los que parecía que había unos hindús que la querían financiar, luego unos rusos, aunque al final tampoco cuajó. Luego otra compañía quiso producirla, pero cuando íbamos a empezar a prepararla cambiaron a su director… bueno, lo típico. Al final dos hermanos, de 30 y 28 años, con un padre norteamericano y madre peruana, que se hicieron ricos a través de un fondo de inversión, decidieron comprar el guion y financiar la película porque se enamoraron del proyecto. Cuando ya hacía dos años en los que yo pensaba “Esto no se hará nunca”, me llamaron en junio y en agosto estábamos rodando. Estas cosas pasan a veces. A mí es la primera vez que me ocurre. Yo siempre he preguntado: “Pero estos no serán del narcotráfico, ¿no?”.

Pregunta: Con la experiencia tan complicada que significó ‘Mi otro yo’, ¿cómo se enfrenta a esta experiencia? ¿Pensó que tenía las cosas más claras?

IC: Cuando en una película entra una gran compañía estás muy perdida. Es como el proceso de Kafka, el director es alguien irrelevante. Tengo claro que yo no funciono bien con una especie de Gran Hermano, para mí sería el horror. Ese control férreo no me va. Prefiero trabajar con productores que respeten al director, bastante si puede ser. Después de ‘Mi otro yo’ pensé que jamás iba a hacer otra película. Es como la protagonista de ‘Aprendiendo a conducir’, cuando te parece que nunca más vas a volver a pasártelo bien en la vida, te lo pasas bien.

“Hay un momento en la vida en el que te das cuenta que o te curras las relaciones o vas a estar más solo que la una”

ICoixetLib

Pregunta: Había trabajado tanto con Ben como con Patricia previamente. ¿Qué es lo bueno y lo malo de trabajar con alguien otra vez?

IC: Lo bueno es la confianza. Yo sé hasta qué punto puedo pedirles cosas, de qué son capaces. Y lo malo también es la confianza, porque hay veces que tienes que cantarle las 40. Y claro, cantarle las 40 a un actor con el que estás trabajando pero no tienes ningún vínculo es más fácil que alguien que es amigo tuyo, que ha estado en tu casa, al que le has preparado la comida, que sabes muchas cosas de él y él de ti. En ese sentido, con la que más me peleé fue justamente con Patricia. Así como Ben enseguida se puso el turbante y se camufló en sij (religión india), él que no tiene nada de sij. Todo el mundo tiene una idea de Ben porque hizo ‘Gandhi’, pero cuando él hizo esa película… ¡era la primera vez que iba a la India! Su padre era indio y él siempre ha tenido un conflicto con sus raíces. Hizo también otro papel parecido en ‘Casa de arena y niebla’. Pero si yo no tenía ni idea del mundo sij, él tenía todavía menos. Se lo tomó como un ejercicio de aprender de una cultura de la que no sabía nada. Estaba super tranquilo, enseguida cogió el movimiento que hacen con el turbante (escenifica la forma de ponérselo), que a mí me hacía mucha gracia cada vez que lo hacía. Patricia creo que se angustió un poco, porque ella había sido la que nos había embarcado en la historia. Es quien había comprado los derechos del ensayo autobiográfico que salió en el The New Yorker. Yo creo que eso la ponía muy nerviosa, durante el rodaje nos gritamos varias veces. Seguimos siendo amigas, es una mujer a la que adoro. Yo esa especie de paraíso que siempre hablan los directores, de que todo es maravilloso y los actores que también dicen que todo es maravilloso… Si en algún momento le hubieran preguntado a Patricia no hubiera dicho que yo soy maravillosa, sino todo lo contrario. Es así, es lo normal. Lo que es raro es que todo sea maravilloso.

Pregunta: Usted dijo una vez: “En el mundo caben todas las historias”. ¿Dónde englobaría ‘Aprendiendo a conducir’?

IC: Creo que es como darle la vuelta a ese rollo de chica encuentra chico. Lo que pasa es que la mujer tiene 50 años y el hombre 70. Es diferente en esas edades, sobre todo porque uno se da cuenta de las consecuencias de las cosas. Sobre todo porque no puedes estar predicando con “yo jamás sería infiel”, “yo nunca lo haría”, para después no ser coherente y querer algo más con alguien. En ese sentido, él enseña ciertas cosas a ella pero ella también le enseña a él, poniéndole de frente con su realidad, en plan tú me has dado fe en la humanidad otra vez, tienes una tipa en casa que las traído de una aldea, ¡cúrratelo! Creo que en ese sentido la película termina como tiene que acabar. A los 20 años si te dicen que las relaciones hay que trabajárselas piensas ¡vaya pereza! Pero en otro momento de la vida te das cuenta que o te lo curras o vas a estar más solo que la una.

Pregunta: El guion de ‘Aprendiendo a conducir’ viene firmado por otra autora (Sarah Kernochan), pero tiene mucho de usted. ¿En qué medida ha participado en la confección del guion?

IC: Yo no soy del sindicato de guionistas americanos, con lo que yo no puedo salir firmando el guion. Pero tanto en ‘Elegy’ y en este he participado mucho, he cambiado cosas, añadiendo cosas que no estaban. Considero que es lo normal, cuando un director coge un texto de una película le das un aire, quitas las cosas que no son necesarias, cortas diálogos que te parecen demasiado explicativos… Pienso que la película es muy fiel al tono de la historia original, si bien ha habido cambios. Por ejemplo, el profesor de autoescuela es filipino, pero hay tan pocos filipinos en Nueva York que queda como una anécdota. Buscamos una comunidad más común. El 40 % de los taxistas no nacidos en EEUU son sij porque tienen una cooperativa, es algo normal. Era más fácil contar con el apoyo de la comunidad sij que la filipina.

“Lo bueno y lo malo de repetir con Ben Kingsley y Patricia Clarkson es la confianza que tengo con ellos”

LEARNING TO DRIVE

Pregunta: En esta película participa Thelma Schoonmaker, la legendaria montadora de Martin Scorsese. ¿Qué ha supuesto esta colaboración? ¿Qué ha aportado a su mirada?

IC: Yo conocía a Thelma a través de Patricia porque se habían conocido en `Shutter Island´. Me decía: “Estoy con Thelma, ¿quieres conocerla?” Cada vez que me decía eso me entraba una especie de temblor, creo que es la montadora más mítica de la historia del cine. Quedamos para tomar un café, le conté que estaba preparando esta película y me preguntó si teníamos montador. Como le dije que no, me pidió el guion. Y yo pensaba… ¿pero esto está ocurriendo? Luego te das cuenta que Thelma lo que espera es que alguien que no sea Scorsese le proponga algo totalmente diferente. También le llame para otro proyecto. Porque ya conoce las posibilidades de Scorsese y al menos esto va a ser un desafío. Tengo que decir que nos lo pasamos muy bien en la sala de montaje, que el 80 % de las veces ella tenía razón, pero que en el otro 20 % me hizo algún caso. Había días que yo salía de la sala de montaje pensando que tenía que ser de una manera la toma y Thelma me decía que estaba bien la que ella había elegido porque era muy divertida. Al día siguiente elegía una de las tomas que a mí me convencía y me decía: “Tenías razón”. Por dentro yo pensaba: “¡qué bien, lo he conseguido!”. Es una mujer que me ha enseñado que no hay que ser muy autocomplaciente con lo que haces, que hay que cortar. A veces me costaba. Pienso que se lo ha pasado muy bien haciendo la peli, porque es de otro planeta. Aunque sea sólo por el nivel de material. Nosotros rodamos cinco semanas con una cámara. Scorsese a veces rueda treces semanas con tres cámaras. Para ella esto ha sido pan comido, porque ya sólo descartando material de las otras películas es un currazo brutal.

Pregunta: Volviendo un poco al tema de los personajes, en esta película se habla de la idea de conformarse, algo que no se trata mucho en el cine, pero no se trata como una opción cobarde, sino como una forma de aceptar la realidad, de ser valiente y tirar hacia delante. Para los personajes, ¿la experiencia es un grado o una desventaja?

IC: (Piensa) ¿Sabes qué pasa? Que no hay nada que sea un grado o una desventaja. Por ejemplo, en el mundo laboral de hoy en día. Alguien llega con un CV increíble, pero la persona que tienes delante prefiere al otro que tiene menos de currículum y no le va a hacer sombra. Hay siempre un entramado de relaciones que no sabemos qué es peor o qué es peor. ¿Los personajes? Te das cuenta que una tipa de 50 años, intelectual que ha llegado a un nivel –currándoselo ella– en el que ha dado por hecho que tiene un marido, una hija y una casa estupenda. Al final, cuando le quitan el marido, yo tenía la sensación que lo que más le importaba a ella era lo de la casa. Yo siempre pienso: ¿Esto es amor o mundo inmobiliario? Con una pareja establecida, muchas veces parece que las cosas van unidas. Pero también se comporta como una histérica, como una adolescente, sin darse cuenta que el otro la ha dejado por otra mujer, no porque sea más joven, sino que le gusta más. Esto tan sencillo le cuesta muchísimo entenderlo, por muchos libros que haya leído, por muchas tesis sobre Jane Austin que haya escrito. No acepta las cosas más sencillas que le ofrece la realidad. En cuanto a la veteranía, al protagonista masculino, que ha tenido una vida durísima, que es un exiliado político, que ha estado en la cárcel, que le han torturado y que la traen una mujer de su aldea, que la tiene ahí en casa y que no sabe realmente qué hacer con ella. Encima le reprocha que no hable inglés. ¡Pues no habla inglés, ni sabe leer ni escribir! Eres responsable de ella, tendrás que hacer algo. No puede ser sólo que le dejes el dinero y no le enseñes el barrio. Esto es muy común. A mí los matrimonios arreglados me parecían una locura, no lo entendía. Hablamos con mujeres que habían tenido este tipo de matrimonios y había varias que nos contaban que eran muy felices, mientras que otras en cambio reconocían que era un infierno. Al final te das cuenta que es como los no arreglados, que en ocasiones no funciona, es una especie de lotería extraña. No te he contestado, ¿no? (risas).

Pregunta: En una entrevista dijo la frase de ‘Una mujer bien educada y obediente no hace historia’

IC: No es mía la frase, es de Eleanor Roosevelt.

Pregunta: Ya pero quería saber si hay que salirse de la zona de confort, como hace Wendy en la película, para crecer como persona.

IC: El confort no es bueno para ningún creador. Yo recuerdo que la primera vez que fui a Los Ángeles me llevaron a casa de un director muy famoso. Yo vi aquella piscina, el servicio, los siete coches en el garaje y pensé “este hombre no va a volver a hacer una buena película, ¿para qué? Si ya tiene la vista, la palmera, la piscina o el Lamborghini”. Cuando se lo cree y está en un pedestal, ¿cuál es el desafío? ¿Para qué hacer otra cosa? La historia del cine también la escriben esos directores que hacen una película fantástica y luego por miedo a cagarla no vuelven a hacer otra nunca más. Luego se excusan en que no les han dejado, pero la verdad es que no han querido porque les asustaba equivocarse. La caga todo el mundo que hace películas, no hay nadie que haga veintisiete películas perfectas. Prefiero cagarla a no hacer nada más por miedo a que digan que no soy un genio. Me da igual que me llamen genio o gilipollas. Para mí, los atisbos de felicidad son cuando hago una película. Luego tienes que soportar que te llamen de todo, pero llevo un callo con esto. No me creo tampoco a los que adoran todo lo que hago. Yo voy como en una montaña rusa de los niños.

“Hay aspectos de los personajes de mis películas con los que me identifico, pero nunca puedo decir que soy yo”

LEARNING TO DRIVE

Pregunta: Si en algún momento pudiera tener un cheque en blanco sin ningún límite, ¿qué historia le gustaría llevar al cine?

IC: (Reflexiona) Creo que la película que voy a hacer ahora en octubre, si Dios quiere, llevo mucho tiempo queriéndola hacer. Es la única vez que voy a hacer un personaje que siento que soy yo. Se trata de la novela llamada ‘La Librería’, de Penélope Fitzgerald, a quien siempre he admirado mucho. Si me dieras el talón ahora, te aseguro que no la empezaría en octubre sino dentro de un mes. Parece ser que hay que esperar, no sé muy bien por qué. Hay aspectos de los personajes de mis películas con los que me identifico, pero nunca puedo decir que soy yo. En este caso, sí puedo hacerlo.

Pregunta: ‘Ayer no termina nunca’ está narrada por dos personajes. En esta película también utiliza esta fórmula. ¿Es más fácil repetir una estructura de pareja?

IC: La historia de la pareja también es la historia de la literatura y el cine. Aunque el primer fragmento que se hizo fue La salida de los obreros de la fábrica de los Lumière, ¿qué hicieron enseguida los cineastas? Atalanta, Amanecer… Claro, la historia de la pareja, ya sea hombre, mujer, niño, animal o planta, o la de un triángulo son al final los vértices de casi todas las historias de la Humanidad. A mí me gustan mucho las historias de pareja y todavía no he hecho realmente la historia de una pareja. Últimamente la pareja no es tan importante. De hecho, la historia de ‘La librería’ es la de una mujer con un sueño que es tener una librería, uno de los sueños que siempre he tenido. Esto que parece un sueño pequeño se transforma en una pesadilla, como suele suceder.

Pregunta: ¿Por qué no le gusta rodar en España?

IC: Yo salí de Barcelona hace mucho tiempo. Aunque he seguido esta vida nómada, no era nada premeditado en plan voy a rodar fuera porque soy una snob. Son cosas que han ido saliendo. Como aquí ha habido muchas crisis económicas, fue una temporada en la que yo trabajaba en una productora de publicidad y me salió muchísimo trabajo en Estados Unidos. Me fui para allá y escribí un guion que sucedía ahí, que era ‘Cosas que nunca te dije’. Pero para mí era normal, porque era la vida que estaba llevando en ese momento. ¿Sabes lo que pasa? Que luego hago una película aquí, como es ‘Ayer no termina nunca’, y me caen palos por todos lados. Es que nunca está contenta la gente (Risas).

“A los políticos les pido (…) que no empleen a los cuñados. En la historia de la humanidad no he conocido ningún cuñado que sea un genio”

ICoixetMan

Pregunta: ¿Cuál es su opinión sobre el que fuera ministro de Educación José Ignacio Wert?

IC: Yo exactamente lo que ha hecho Wert no lo sé, lo reconozco. No soy de estos colegas míos que saben lo de la Ley del cine. A mí no me preguntes sobre ella. Yo he leído tres veces el ‘Ulises’ de Joyce pero no puedo con un documento de ley. ¡Si no leo los contratos porque paso del primer párrafo y me aburro! Hay una cosa en el lenguaje legal que no puedo leer, como las páginas deportivas de los periódicos o las retransmisiones de las corridas.

Pregunta: Pero viviendo fuera, ¿qué información le llegaba sobre Wert?

IC: Que era malo. Ayer leí un artículo que decía que el que hay ahora es peor. ¿No va a haber ninguno bueno? Yo nunca he conocido a Wert. Yo es que a los políticos les pido tan poco. No sé, pragmatismo, sentido común, que no metan la mano en la caja, que no empleen a los cuñados… Bueno, si el cuñado es un genio sí, aunque en la historia de la humanidad no he conocido ningún cuñado que sea un genio.

Fotografías de rodaje: Linda Kallerus/Broad Green.

No hay comentarios

Comments are closed.