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«La comedia y el histrionismo de mis personajes me aportan mucho, me han descubierto cosas de mí»

8 mayo, 2015

Cuando tratas cara a cara con Eva Isanta (Ceuta, 1971) percibes desde el primer momento que no está actuando. Se preocupa porque las fotos salgan de la mejor manera, haciéndote olvidar por momentos que el reloj funciona. Nos recibe en el Teatro Infanta Isabel, en el centro de Madrid, justo antes de una nueva función de ‘La novia de papá’, donde encarna el papel de Marina, una madre divorciada 

Eva Isanta

Impasse Magazine: ¿Había leído ‘La novia de papá’ antes de coger el papel?

Eva Isanta: Sí, claro. A mí me llamó Joe O’Curneen, el director de la función, diciéndome que querían hacer la adaptación teatral sobre la novela. Contactó conmigo porque me veía para el papel de Marina y los otros personajes que hago. Lo primero que hice fue leerme la novela antes de la primera adaptación, que luego hubo varias.

IM: ¿Ha hablado con Paloma Bravo, autora de la novela, para profundizar sobre el personaje?

EI: Sí. Paloma estuvo muy de cerca con los actores durante todo el proceso creativo. Fue una suerte tener a la autora en los ensayos, participando de la creación de la obra, aunque ella es muy discreta y nunca se inmiscuía en las notas de dirección. Para las directrices de hacia dónde se ponían de acuerdo Joe y ella. Evidentemente fue muy útil que estuviera allí, aparte de que es excepcionalmente generosa y una mujer muy inteligente e interesante. Nos aportaba muchísimos datos sobre los personajes. Es verdad que la historia es autobiográfica, pero también está ficcionada en algunas cosas. Por ejemplo, una de las cosas que yo quería saber es si la ex es tan heavy como lo soy yo en esta función. Me dijo que no, que el personaje real era más benévolo, aquí estaba muy dramatizado y sacado de quicio. Para que haya comedia hay que sacarlos de quicio.

IM: Si bien su personaje principal es el de la ex mujer, en la obra se le ve con mucha versatilidad, adoptando varios papeles. ¿Le gusta ese reto?

EI: El proceso creativo de poder representar múltiples personajes es lo que más nos gusta a los actores y actrices. Para las que somos vocacionales, nos encanta hacer un montón de cosas cuanto más lejos de mí mejor, porque lo que muchas veces no te permites en el juego de la vida, el teatro, la televisión o el cine te da la posibilidad de que los personajes que ficcionas tengan una parte de ti, pero evidentemente puedan volar solos y te da una libertad maravillosa, que es una cosa que a mí me encanta explorar. Cuando Joe me lo propuso, me pareció un reto. Además, curiosamente ahora hay dos personajes menos de los que hacía al principio, porque hubo que suprimirlos por tiempo. No sabes lo que corría yo por debajo del escenario (Risas). Me costó quitármelos porque eran dos madres muy divertidas. Por un lado la madre de Sol (la protagonista), muy hippie y progre. Y luego la madre de un pijo que era todo lo contrario, facha y muy divertida. Desdoblarme en tantos personajes es un lujo para mí. Obviamente tuve mis dificultades en el proceso creativo, pero sinceramente me fue más fácil de lo que esperaba. Por Paloma, por Joe y por el ambiente de juego que se creó durante los ensayos, ya que toda la compañía nos llevamos muy bien. Somos muy gamberros todos. En una comedia, si te lo tomas en serio lo pasas fatal. Fue todo muy fresco, natural y divertido. Había algunas dificultades, porque había que especificar cosas, por ejemplo el lenguaje técnico, para que los personajes quedaran muy claros. Fuimos condensando en muy poco tiempo las almas de los personajes. Cada uno tiene su identidad. Para mí todos son igual de importantes, aunque Marina es el que más recorrido tiene y el que el espectador termina recordando. Ponerme y quitarme el disfraz es como jugar a ser Mortadelo. Ahora mismo no me cuesta nada, al revés. Me divierte mucho.

IM: Comparte reparto con María Castro, Armando del Río, Rodrigo Sáenz de Heredia y las que hacen de sus hijas, Lucía de la Fuente y Nadia de Santiago, quienes por cierto se han llevado muy buenas críticas. ¿Les ha dado algún tipo de consejo?

EI: No ha hecho falta, son dos actrices maravillosas. No habían hecho mucho teatro, pero tienen un larga trayectoria en cine y televisión. Ha pasado algo muy bueno en esta compañía,  hemos encajado muy bien. Ha habido mucha química entre los personajes y los actores. Ambas habían coincidido ‘Musarañas’, se conocían de eso. Al reencontrarse en los ensayos, realmente parece que son hermanas. Tienen más edad de los papeles que interpretan, pero hacen tan bien el juego que te crees que sean adolescentes. Es elogiable. Todo el mérito, aparte del director, es de ellas.

«La gente y los directores de la cadena tienen una imagen de ti y no quieren arriesgar en cambiarlo»

EI palco

IM: Al igual que en ‘La que se avecina’, en ‘La novia de papá’ interpreta el papel de exmujer y madre. ¿Ve alguna similitud entre ambas?

EI: Una de las cosas que me preocupaba era el encasillamiento en este tipo de mujer pija. Pero creo que no tienen nada que ver. La Cuqui (su personaje en ‘La que se avecina’) tiene un recorrido muy largo y está en un medio donde se ha podido ver una evolución muy grande de cómo empezó y hasta el punto en el que está, que eso es gracias a los guionistas y a la dirección por sabernos llevar por esos caminos. Aquí yo quería diferenciar bastante. Para mí un estatus social, una determinada educación, forma de hablar o de comportarte no define necesariamente a la persona, es decir, yo puedo tener sangre azul y ser maleducada o al revés. Las dos son dos personajes un tanto oscuros, pero creo que Marina es más incisiva. La Cuqui fluctúa y se va adaptando a las circunstancias que le toca vivir. Las dos son grandes egoístas, pero Marina tiene una seguridad aplastante y va pisando muy fuerte. Aunque es la madre, podría ser la madrastra. Intenté basarme mucho con los personajes de madrastras clásicas de los cuentos, como la de Blancanieves o Cenicienta. Ese concepto de ‘con mis niñas contra ti’. El punto desde el que encarno a Maite Figueroa (La Cuqui) no tiene nada que ver con Marina. Son dos energías similares pero están contrapeadas.

IM: ¿Teme que se te pueda encasillar en ese tipo de personajes?

EI: Es el gran terror de los actores siempre. Lo que quiero es seguir explorándome como actriz. De alguna manera tenemos una parte creativa importante a través de nuestros personajes. Otra cosa es que el mercado te llame para hacer determinados papeles. Siempre que puedo hago cortos y cosas muy diferentes, como por ejemplo el drama, ya que me gusta y es un territorio que hay que explorar. Los actores tenemos que estar continuamente entrenándonos y descubriéndonos en situaciones diferentes. Por razones de mercado, en ocasiones lo que funciona no hay por qué cambiarlo. La gente tiene una imagen de ti, tanto el público como los directores de la cadena o sencillamente los propios creadores, y no quieren arriesgar. Quiero creer que no es la norma general. Venía de hacer en ‘Aquí no hay quien viva’ una lesbiana más neutra y normal y ahora interpreto papeles más histriónicos. ¿Por qué no puedo encarar un personaje realista y dramático? Ya lo he hecho en cosas capitulares que no han tenido tanta trascendencia. Hay que coger la ola de la vida y disfrutar lo que te toca. Estoy encantada, porque la comedia y la exageración de estos personajes me aportan mucho y me ha descubierto cosas de mí. Espero que sea una puerta hacia otras aventuras. La carrera de una actriz es muy larga y tengo cosas que probar y transmitir, son rachas. Estoy muy agradecida a La Cuqui y al éxito de ‘La que se avecina’, al igual que a Marina y al éxito de ‘La novia de papá’. Es en lo que estamos, así que a disfrutarlo.

IM: ¿Cómo se cuida para mantenerse tan bien?

EI: No estoy obsesionada. Descubrí hace tiempo que para estar bien tienes que mantener cierto equilibrio. La salud es fundamental. Para estar sano, uno tiene que cuidar la alimentación y hacer ejercicio. Estoy acostumbrada a hacer deporte desde pequeña, para mí es una necesidad. Pero no soy muy machacona, no me vuelvo loca con correr ni con una disciplina en concreto. Me lo tomo con calma, forma parte de mi rutina diaria. Practico yoga con una tabla personalizada. A veces hago bici o me voy al gimnasio. Pero sin ninguna obstinación. Tengo semanas como esta, en la que no he pisado el gimnasio y la tabla de yoga en lugar de una hora me ha durado quince minutos. Creo que todos necesitamos nuestros ciclos, hay unos en los que te cuidas más y otros algo menos. Es sano también para el coco. Intento ver qué me pide el cuerpo y la cabeza. Es fundamental mantener el equilibrio con cierto desequilibrio. No voy a renunciar a tomar chocolate o una cerveza, que me encanta.

«Sé que todo acaba, pero el final de ‘La que se avecina’ no termino de verlo»

EI patio

IM: ¿Ve el final de ‘La que se avecina’?

EI: Todo acaba. Intento vivir el presente y creo que le queda mucha vida. Sinceramente, creo que le queda lo que sus creadores quieran, entre los que me incluyo, pero fundamentalmente son los guionistas (Araceli Álvarez, Raquel Sastre, Álvaro de Sotomayor, Dani Deorador y Sergio Mitjans) y el equipo directivo (Laura y Alberto Caballero). Son los que van a decidir eso. Para el público está muy vivo, hay demanda. Cuando han paralizado la emisión las últimas semanas, ha habido jaleo en redes sociales. Ahora se termina la temporada y en julio volvemos a grabar la novena temporada. El final no lo acabo de ver, pero evidentemente todo acaba. Cuando se dé por concluido, a otra cosa. Nos quedamos con todo lo que nos ha dado, que para mí ha sido vital. Le debo mucho.

IM: Durante la época de rodaje dedican muchas horas en el plató. ¿Se lleva bien con sus compañeros?

EI: Es primordial llevarse bien. Creo que forma parte de la inteligencia emocional para rendir en el trabajo. Es como lo que te he comentado antes con ‘La novia de papá’, que no siempre encuentras una compañía en la que todo el mundo empasta. Aquí, aunque vamos a nuestra bola, a la hora de trabajar encontramos un lenguaje común que fluye. En ‘La que se avecina’ somos muchos, y ese feeling se mantiene a pesar de los años, incluso –algo que es muy importante– con el equipo técnico. Ahora se les ve en el making off, muchos llevan desde el principio, como nosotros, con un trabajo duro y constante que a veces no se les reconoce. Hay un concepto de equipo, trabajando todos hacia la misma dirección. Es muy grato el resultado en la calle. Por ejemplo, cuando estrenamos en el cine Callao de Madrid la octava temporada, ver esa acogida de la gente fue espectacular. ¡No estás en tu casa viendo la tele, era el público que estaba allí! Yo flipé, fue algo maravilloso. Cuando tenemos un momento duro pensamos lo felices que hacemos a tanta gente. Ese concepto está en nosotros. Como en la vida, hay con quien tienes más trato. Algo normal en una plantilla de 60 personas. Es imposible que no sea así. Aún con esas, estamos todos muy hermanados y hay muy buen rollo.

«No hubo tiempo para componer el personaje en ‘Aquí no hay quien viva’, y fue mejor así porque no me comí mucho el tarro»

EI ventana

IM: Antes, ‘Aquí no hay quien viva’ supuso fue un punto y aparte en su carrera. Hacía el papel de novia de una amiga suya en la realidad, como es Vanesa Romero. ¿Eso facilitó la labor?

EI: Nosotras nos hicimos amigas a raíz de trabajar juntas. No nos conocíamos. Es más, al principio nos caímos mal, como suele pasar con las grandes amistades y los grandes amores, justo antes de descubrir a la persona (Risas).

IM: ¿Era la primera vez que hacía de lesbiana?

EI: Había hecho un papel en un capítulo en ‘Petra delicado’, una serie de Ana Belén y Santiago Segura, representando a una maquilladora lesbiana. Pero no era tan desarrollado.

IM: ¿Cómo entró en ‘Aquí no hay quien viva’?

EI: Fue un poco especial. Acababa de ser madre y estaba en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. De repente un día me encontré a Laura Caballero, que trabajaba para la serie. Yo reconozco que veía ‘Aquí no hay quien viva’ y me moría de risa, era muy fan. Ya habíamos trabajado anteriormente juntas y le dije: «Acuérdate de mí». Ella contestó: «No te preocupes que te tengo en mente». Cuando se fue Adrià Collado y se rompió esa pareja homosexual, pensaron que fuera una mujer la que entrase a sustituir ese espacio y crear una pareja mixta de homosexuales que tuvieran un hijo. Y ahí estaba yo. Entré casi de un día para otro porque había bastante celeridad a la hora de crear y de escribir. No hubo un tiempo para componer el personaje, fue Laura quien me dio confianza absoluta. Volver a trabajar con Luis Merlo, con quien ya había hecho teatro, fue muy fácil porque es un actor excepcional, con engancharte a lo que él te da… No me ‘comí mucho el tarro’, no tuve tiempo de pensar, sólo de ocuparme, que es lo mejor que te puede pasar. Laura me dijo: «Quiero que seas femenina. Piensa que has estado casada, eres lesbiana por opción». Me dio las claves básicas.

«No me considero aliada política de ningún partido, sólo quiero expresar que la Ley Lassalle o el 21 % de IVA acaba con el sector de la cultura»

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IM: El primer proyecto televisivo con el que se hizo conocida Eva Isanta fue ‘Farmacia de Guardia’. ¿Cómo fue trabajar con un mito como Antonio Mercero?  

EI: Maravilloso. Es un maestro, con un carácter fantástico y muy inteligente. Maneja muy bien la comedia sentimental, en el que todos estábamos en el momento justo de emoción. Su obra está ahí y es fantástica. Toca el corazón como nadie desde la ternura y el humor. Yo no había hecho antes televisión, llegué muy pegada, metía mucho la pata y hacía muchas barbaridades. Tenía 19 años, no era un medio en el que estuviera muy cómoda, estaba aterrizando.

IM: En ese momento comenzó una vida pública y de reconocimiento por su trabajo en televisión. ¿Cómo se compatibiliza eso con la vida cotidiana?

EI: Fue una gran experiencia. Me convertí en muy famosa, gané mucho dinero y yo que acababa de caer del guindo pensé que siempre sería así, que toda era fácil, ¡me veía en Hollywood con la alfombra roja! Evidentemente no ocurrió eso. Esta profesión es otra cosa y ser actor o actriz es un oficio, tenemos una parte de artista y una parte de artesano, algo que parece que no tiene importancia, esa tarea de elaborarse. Tienes que tener técnica. Yo estaba en la escuela. Siempre que me he quedado parada he hecho un curso porque tenemos que estar continuamente aprendiendo, como en la vida, y más para interpretar diferentes psicologías. A nivel personal aprendí mucho, porque después del ‘boom’ tuve una época de paro. Fue una buenísima cura de humildad. Entendí que esta profesión es una carrera de fondo con ciclos, que ahora estás aquí y luego allí. Hay que vivir lo que te toca y aprovechar la ola.

IM: El mundo del espectáculo está muy molesto con el 21 % de IVA cultural. Ahora se acercan las elecciones y los partidos están promoviendo una bajada. ¿Tienen credibilidad?

EI: Tengo un problema con la política actual en España. Me falta mucha fe, sinceramente. Es un momento de crisis, donde hacen falta los revulsivos que están ocurriendo para que todo esto se revolucione un poco y para que haya cambios. Si hablo de mi sector, tanto la Ley Lassalle como el 21 % de IVA es un verdadero paso atrás. Salgan con los que salgan, todo parece indicar que se van a quedar los mismos, confío en que si están haciendo esa promesa cultural la cumplan. Si no, nos van a ahogar. El sector está muy perjudicado. Hay que entender que los actores no somos enemigos. No tengo por qué manifestar mi tendencia política, ni sexual ni religiosa. Eso pertenece a mi esfera privada. Siempre voy a hablar en concreto de las cosas que a mí me afectan, es decir, me manifestaría contra alguien que vulnera los derechos humanos o frente a determinadas medidas que están ahogando un sector. Los políticos tendrían que darle la vuelta a la tortilla y preguntarse por qué en otros países tanto europeos como por supuesto en Estados Unidos la cultura es industria. Es una grandísima fuente de dinero, pensando en términos económicos. También podemos hablamos de educación, de valores, oportunidad de miras… El cine, el teatro y la televisión lo que hacen es contar historias y cuantas más mejor. Te abre la mente, como viajar o leer. No me considero aliada política de ningún partido, sólo quiero expresar que la Ley Lassalle o el 21 % de IVA acaban con un sector. Igual que si trabajara en Educación o en Sanidad, estamos reivindicando algo que no es justo, al margen de la ideología. Les invitaría a reflexionar, porque todos aquellos que toman estas medidas también son espectadores y disfrutan de estos espectáculos. Hay que favorecer esta industria, que da trabajo a un entorno. Cada vez que se acaba una serie, se quedan familias en la calle, al igual que una obra de teatro. Hay mucha infraestructura alrededor, no son solamente cuatro actores famosos. Es un sector económico importante, vamos a cuidarlo.

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