open

Tecnodisrupción - Impas5e blogs -

Juan Miguel Gómez

Juan Miguel Gómez Berbís es colaborador de ImpasseMag, profesor en la Universidad Carlos III de Madrid y socio fundador de Nimbeo y Universo iDEA. Apasionado del Kaizen y del Macallan con hielo. También es el autor de "Las Mentiras del Kaiser" y "La Quinta y el Espejo".

El drama de la startup: El emprendedor no tiene quien le escriba

En la famosa novela de Gabriel García Márquez, un coronel baja durante quince años cada viernes a la oficina de correos del puerto con la esperanza de recibir una confirmación con una pensión de veterano de la Guerra Civil.

drama de la startupDel mismo modo, muchos emprendedores esperan cada viernes cerrar un contrato con un potencial cliente. Son sobre todo emprendedores que “practican” (por decirlo de algún modo) el bootstrapping, es decir, financiarse con pocos o muy pocos recursos y esperar generar esos recursos a través de cliente. Lo que nadie cuenta es lo terriblemente duro que es este ahora adorado y ensalzado enfoque. Es el drama de la startup.

En su interesante artículo, ‘Reflecting on My Failure to Build a Billion-Dollar Company’, el emprenedor Sahil Lavingia deja claro cómo funciona el mundo startup. Una idea levanta una pequeña financiación. El negocio echa a andar y, si existe product-market fit, es decir, hay negocio y mercado, facturación en definitiva, la rueda de la vida emprendedora empieza a dar vueltas. Más facturación implica una nueva ronda. Esta debería traer más crecimiento y facturación para justificar otra ronda, y así sucesivamente hasta que la startup es adquirida (Exit, en inglés) o sale a bolsa (IPO, en inglés). Pero si no llega a los números que justifiquen la ronda de financiación, la rueda se detiene y te quedas fuera. Como le pasó a él, aunque su startup fuera rentable.

Para las startups que no siguen este ciclo y han optado por el bootstrapping, el futuro es mucho más negro, dado que tienen dos quimeras por delante: competir con la startups con financiación para encontrar talento y, en segundo lugar, adquirir clientes.

Respecto a la primera, es fácil echar un vistazo a los salarios que se están pagando en determinadas startups para entender que las de bootstrapping lo tendrían difícil para competir. Adquirir clientes es la parte verdaderamente dramática.

Puede haber pasado desapercibido en los medios, pero IBM ha ganado tres macro contratos gigantescos en los últimos tres meses: uno de 2.000 millones con Naturgy, antiguo Gas Natural Fenosa para la externalización de sus servicios tecnológicos. Otro de 619 millones de euros con Banco Santander para su digitalización. Y una alianza con Telefónica para su servicio cloud de empresas.

Por supuesto que enhorabuena al Gigante Azul por tan tremendos resultados, pero: ¿de verdad que no se habían podido contratar tecnologías y sobre todo productos a startups españolas que se están dejando la piel para vender plataformas de elevada calidad tecnológica? ¿No deberían apostar las empresas del IBEX 35 por las empresas emergentes que puedan aportar flexibilidad, talento y tecnologías punteras? ¿No había un pequeño hueco para los demás?

El drama del emprendedor que ha elegido el bootstrapping como camino es que no encuentra clientes, aunque, día tras día, como le pasa al coronel de la novela de García Márquez, sale a buscar esa oportunidad para salir adelante.

El drama más terrible es que, ojalá que no, ojalá que no llegue ese momento, tendrá que responder del mismo modo que el coronel en la última frase que cierra la magistral obra, cuando su mujer le pregunta qué comerán y replica: “Mierda. Comeremos mierda”.

No hay comentarios

Comments are closed.