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Dilma Rousseff, ante la hora de la verdad en Brasil

11 mayo, 2016

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, se juega este miércoles su continuidad al frente de Brasil en la votación que tiene previsto celebrar el Senado, que deberá decidir si abre un juicio político a la mandataria por violar normas presupuestarias, lo que le convertiría en la primera en ser apartada del cargo en más de dos décadas

dilma rousseff

Si una mayoría simple de los 81 senadores vota a favor de iniciar el proceso, como ya hizo el mes pasado la Cámara de Diputados, la mandataria será suspendida de su cargo por hasta seis meses y asumirá el poder su vicepresidente, Michel Temer. Según recuentos de los periódicos locales, más de la mitad de los senadores votarán por juzgar a Rousseff, por lo que la primera presidenta de Brasil debería dejar el Palacio de Planalto este jueves. La decisión pondría fin a 13 años del izquierdista Partido de los Trabajadores al mando de la mayor economía de América Latina.

Los senadores tienen previsto iniciar la discusión de la moción a las 9:00 hora local (14:00 hora española) y a cada miembro se le dará la oportunidad de hablar. La votación final se espera alrededor de las 20:00 hora local (1:00 del jueves en España).

Rousseff, quien denuncia que el juicio político es ilegal y un “golpe de Estado”, ha prometido dar batalla hasta el último minuto. Su Gobierno apeló al Supremo Tribunal Federal este martes. “No renunciaré, eso nunca ha pasado por mi mente”, sostuvo la presidenta este martes en un discurso, recibiendo vítores de sus partidarios. Se espera que la mandataria hable al país este miércoles.

La promesa de Dilma Rousseff

Minutos después de asumir el cargo en 2011, Dilma Rousseff prometió ante el Congreso terminar con los acuerdos secretos y los esquemas de sobornos en el corazón de la política brasileña. Por un tiempo pareció que cumplía su promesa. En su primer año destituyó a siete ministros salpicados por acusaciones de delitos y registró el mayor nivel de aprobación de un presidente desde el regreso de la democracia en 1985.

Sin embargo, cinco años después y en medio de la peor recesión desde la década de 1930, Rousseff está a punto de ser suspendida. Pese a que no se enfrenta ningún cargo de enriquecimiento personal, el fiscal acusó a la mandataria de obstruir una investigación de corrupción en la estatal Petrobras, el mayor escándalo de la historia de Brasil. Rousseff encabezó el directorio de la compañía petrolera entre 2003 y 2010.

Dilma RoussefRousseff niega haber cometido delitos y afirma que es víctima de un “golpe”. Pero la recesión y el escándalo de Petrobras volvieron a la mayoría de los brasileños en su contra, motivando los esfuerzos opositores para apartarla del cargo. Al explicar qué salió mal, exministros, asesores y legisladores apuntan a la terquedad de Rousseff, su mal manejo económico y una tendencia a aislarse. Combinadas, esas características la llevaron a rechazar consejos que podrían haber evitado la recesión y el fin de su carrera política.

Un exministro de Dilma Rousseff señaló un error clave en 2014 tras ser reelegida por un estrecho margen, pese al descontento por la economía y servicios públicos malos. En su primera reunión después de la elección, Rousseff le dijo orgullosamente a su mentor, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que la votación mostraba que el pueblo aún estaba de su lado, recordó el ministro. “No”, contestó Lula. “Nos están dando una advertencia. Y nos están diciendo que no tendremos una segunda oportunidad”. Pero Rousseff no hizo nada para cambiar de rumbo.

La gestión económica de Rousseff

Durante su primer año en el cargo, el crecimiento económico se redujo a un 3,9 por ciento debido a una caída de los precios de las materias primas y un menor gasto de los consumidores. Rousseff abandonó gradualmente principios económicos tales como metas de inflación y presupuestos balanceados. Además, ignoró los llamamientos de los empresarios a una reforma laboral, impositiva y de pensiones para que Brasil ganara competitividad.

Dilma RoussefPese a los menores ingresos impositivos, Dilma Rousseff aumentó el gasto, con la esperanza de que las obras públicas impulsaran la inversión. Para frenar la inflación, congeló el precio de los combustibles y otorgó exenciones impositivas a las compañías de energía para que mantuvieran bajas las tarifas.

En 2013, el descontento llevó a millones de personas a marchar en todo el país. Aún así, el gasto desmedido la ayudó a lograr la reelección, aunque poco después se hizo aparente que varias maniobras contables permitieron que las finanzas del Gobierno parecieran mejor de lo que eran. Casi de inmediato de empezar su segundo mandato en enero de 2015, la gravedad de los problemas de Brasil se hizo latente. La inflación anual superó el techo de la meta oficial de un 6,5 por ciento y terminó el año encima del 10 por ciento. El desempleo aumentó, al igual que la indignación pública por la corrupción, y la aprobación a la mandataria cayó en picado.

Molestos por el engaño de la mandataria sobre el estado de las finanzas públicas, legisladores opositores pidieron su juicio político. Un auditor federal confirmó las irregularidades presupuestarias.

Dilma Rousseff tropezó de nuevo, esta vez al manejar al poderoso PMDB, un partido con más escaños en el Congreso que cualquier otro y clave para su coalición. “Ella subestimó la reacción del PMDB y la importancia de la dependencia del gobierno en ese partido”, afirma Paulo Pimenta, un veterano congresista del gobernante Partido de los Trabajadores.

Fotografías: Wikipedia y Agencias

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