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Día Mundial de los Animales: 5 especies amenazadas en España

3 octubre, 2018

En el Día Mundial de los Animales, Greenpeace alerta de que el avance del ladrillo en la costa está amenazando la supervivencia de cinco especies clasificadas “en peligro crítico” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

El estudio ‘Animales desahuciados de la costa por el ladrillo’, elaborado por Greenpeace en colaboración con el Observatorio de la Sostenibilidad en el marco del informe ‘A Toda Costa’, destaca la vulnerabilidad de cinco especies de gran valor ecológico en la costa mediterránea, predominantemente.

Según el trabajo, de 2005 a 2014 se ha incrementado el riesgo de supervivencia de estas especies costeras que forman parte del patrimonio natural español debido a la destrucción del hábitat en el que viven, los humedales costeros.

Según el estudio, los humedales costeros (situados en los primeros 10 kilómetros) han sufrido una regresión superficial de 1.157 hectáreas en España, lo que supone una reducción de un 1,3 % de su superficie.

Este dato agrava su tendencia regresiva, sobre todo si se tiene en cuenta la escasez de estos ecosistemas (representan sólo un 2,3 % de dicha franja costera y un 0,18% de toda la superficie española) y su relevancia natural y para el desarrollo económico y social de la zona.

Los humedales proporcionan numerosos bienes y servicios ambientales a la sociedad: participan en el ciclo del agua, son muy ricos en nutrientes para alimentar una gran cadena alimenticia que incluye desde pequeños crustáceos a importantes aves migratorias, las plantas que en ellos se asientan estabilizan el suelo protegiéndolo de las mareas y el oleaje y constituyen un mosaico de paisajes que da cabida a muchas especies de animales que eligen este entorno para reproducirse.

Estas son las 5 especias más amenazadas de los humedales costeros:

1.- Galápago europeo

El galápago europeo ocupa gran parte de Europa, norte de Marruecos, Argelia y Túnez, así como las islas de Cerdeña, Córcega, Mallorca, Menorca, Sicilia, Malta, Límnos y Lesbos. En España aparece en toda la costa mediterránea, salvo en Tarragona (en las provincias de Barcelona, Girona, Castellón, Valencia y Alicante).

Habita aguas limpias, tanto dulces como salobres. En general ocupa ambientes de agua como ríos y arroyos, lagunas, charcas permanentes y temporales, acequias y embalses. Demuestra preferencia por áreas con abundante vegetación acuática. Hacia el interior peninsular vive preferentemente en áreas de monte bajo y encinar, mientras que en Levante habita sobretodo en marjales. Prefiere hábitats poco alterados y con escasa presencia humana, no tolerando la contaminación del agua.

La subespecie se encuentra en situación ‘muy crítica’ a lo largo de la costa mediterránea y todos los autores de inventarios de la especie son unánimes en afirmar que sus efectivos están en regresión. La exigua frecuencia reproductiva interanual puede ser la causa de la baja abundancia de la especie, así como su vulnerabilidad frente a perturbaciones.

Su principal amenaza es la destrucción, alteración y contaminación de los hábitats acuáticos en los que vive. La desecación y transformación de humedales, el talado de la vegetación de ribera, la construcción de embalses o la contaminación de las aguas han disminuido el número de sus hábitats apropiados. Las capturas accidentales, muchas veces asociadas a la pesca del cangrejo rojo americano, y la caza furtiva son la causa de su desaparición en muchos lugares.

Asimismo, hay indicios de que la presencia de una especie invasora, el galápago de Florida, Trachemys scripta elegans, pueda provocar el desplazamiento de este galápago en las zonas donde conviven.

Las medidas a tomar para garantizar la conservación de la especie pasan por la conservación integral de los humedales, por el control y regulación de la actividad de pesca del cangrejo rojo, por un control efectivo de la caza furtiva y por la eliminación del galápago de Florida de los hábitats naturales .

2.- Focha moruna

La focha moruna se distribuye por el norte de África y en algunos puntos del Mediterráneo occidental en Europa. En España está presente en tres zonas, en la vertiente mediterránea desde las provincias de Tarragona a Valencia, en el atlántico sudoccidental (Cadiz y Huelva) y en Baleares.

Habita en hábitats húmedos de interior y litorales, especialmente en aquellos con abundante vegetación sumergida. Aunque hace cien años se localizaba en la mayor parte de los humedales del centro sur peninsular y de Levante, su situación actual es crítica.

La población es inferior a 250 individuos en España, lo que la caracteriza como ‘en peligro crítico​’, a pesar de los esfuerzos por los programas de cría en cautividad de Andalucía y la Comunidad Valenciana. El tamaño de las poblaciones varía mucho en función de los niveles de agua de los humedales, por lo que el futuro de la especie depende de la abundancia de lluvias en los próximos años.

Su principal amenaza es la pérdida y destrucción del hábitat. Las fochas morunas se alimentan de los brotes más tiernos de las plantas de humedales y la eliminación de la vegetación de estos reduce el alimento disponible al tiempo que fomenta la desaparición del humedal por su colmatación. Otras amenazas son la caza, pues es difícil diferenciarla de la focha común, especie cinegética, y la competencia por los recursos con especies invasoras (como el cangrejo rojo y la carpa).

Las medidas necesarias para fomentar la conservación de esta especie pasan por la conservación y recuperación de su hábitat -los humedale- y por la eliminación de las especies introducidas. La elaboración de planes nacionales e internacionales que incluyan entre otros programas de cría en cautividad son imprescindibles.

3.- Cerceta pardilla

La cerceta pardilla está presente en el Mediterráneo occidental, norte de África y sudoeste de Asia. En España está presente en la zona de Levante (provincias de Castellón, Valencia, y Murcia), en Baleares, en los humedales del Guadalquivir (Cádiz, Huelva) y en Almería.

Es una especie muy estricta en su selección de hábitat​, aguas someras temporales, rechazando láminas de agua permanentes o artificiales, con abundante vegetación acuática tanto sumergida como emergente. Por ello es muy sensible a fuertes variaciones hidrológicas.

La pequeña población española de unas 30-200 parejas varía mucho de año a año, por lo que está ‘en peligro crítico’​, y se concentra en unos pocos sitios que presentan serias amenazas, más dada la exigencia de humedales con un estatus de conservación muy elevado. Además, esta especie tiene una reproducción tardía, por lo que el acortamiento del ciclo hidrológico en años secos hace prácticamente imposible que se reproduzca.

Es probable que individuos africanos se incorporen a la población española ejerciendo un ‘efecto rescate’; sin embargo, el mal estado de conservación de los humedales africanos no contribuye a retirar a este especie de la clasificación de amenaza tan grave en la que se encuentra.

Las principales amenazas son la destrucción y degradación de su hábitat, seguidas de la caza furtiva. No solo le afecta la destrucción directa del hábitat, sino también la alteración de la dinámica de las aguas y la contaminación. Se han documentado épocas de gran mortandad debido a episodios de eutrofización y de contaminación química por escorrentía agrícola. La cerceta pardilla está también seriamente afectada por el plumbismo (intoxicación por plomo) de las aguas causado por la caza.

Antiguamente, cuando la especie era abundante, se consideraba una especie cinegética, lo que contribuye a su caza junto a la dificultad de diferenciarla de otras especies de patos cinegéticos. Las actividades pesqueras, especialmente del cangrejo rojo, propician la muerte de individuos adultos y pollos por asfixia al quedar atrapadas en las nasas y redes de pesca.

Las medidas para favorecer la conservación de esta especie pasan ineludiblemente por la conservación de los humedales costeros que aún no se han degradado y por el control de la calidad de sus aguas, aumentar la protección efectiva de áreas ocupadas en las que se prohiba la caza y la utilización de nasas y redes de pesca, así como planes de recuperación de la especie.

4.- Avetoro común

El avetoro común está presente de manera irregular y dispersa por toda Europa. En España está presente en Tarragona, Girona, Castellón, Huelva y Coruña.

Esta especie habita tanto en humedales costeros como del interior. Se reproduce exclusivamente en extensos carrizales en zonas húmedas dulces o poco salobres, con el nivel de agua poco fluctuante; fuera del periodo reproductor es menos exigente y puede ocupar arrozales, ríos y embalses.

El avetoro común está en declive en todas sus áreas de distribución, por ello se le considera ‘en peligro crítico’ de extinción.​ Se ve muy afectado por los episodios de sequía. Después de varios periodos de declive y ligera recuperación, en la actualidad se contabilizan en España 25 machos territoriales, cuya principal población se encuentra en el valle del Ebro. En la Costa del Sol se registra como reproductor en S’Aiguamolls de l’Empordà y en S’Albufera de Mallorca, pero se ha perdido como reproductor en el Delta del Ebro y las marismas del Guadalquivir.

La principal amenaza de esta especie es la destrucción y la degradación de los humedales en los que vive. La contaminación del agua por la industria y la agricultura afecta negativamente al propio avetoro común y a sus presas potenciales, contribuyendo a su supervivencia y éxito reproductor. Otras amenazas son la presión cinegética y la electrocución y colisiones con tendidos eléctricos. El avetoro común ha sido especie cinegética hasta hace relativamente pocos años, lo que ha contribuido al declive de esta especie, aunque en la actualidad está totalmente prohibida.

Para favorecer la supervivencia de esta especie es necesario adoptar medidas encaminadas a realizar una adecuada gestión del hábitat: mantener niveles de inundación favorables, evitar desecaciones prolongadas y establecer soluciones agroambientales que mejoren la calidad del hábitat, como el pastoreo con grandes herbívoros fuera de la temporada de cría que favorece el rejuvenecimiento del carrizal y que aumenta la superficie de hábitat potencial.

Asimismo, es fundamental la finalización de la temporada de caza antes de que comience su periodo reproductor o la prohibición de la caza en los alrededores de las zonas de cría.

5.- Torillo andaluz

El torillo andaluz ocupa algunos enclaves del sur peninsular y el norte de África, aunque en España se ha estudiado poco y se desconocen muchos aspectos de su biología y distribución.

En España aparece en Huelva, en las zonas arenosas entre el río Tinto y Doñana, en la que se pierden 140 hectáreas de humedales costeros, un 0,7 % del total superficial, agravando su estado de conservación. Habita humedales costeros, pero las características ecológicas específicas no son bien conocidas, y se le atribuyen particularidades de otras subespecie. Se presume que es de hábito sedentario (no migra) y que se alimenta de semillas e insectos.

Su estado de conservación es ‘en peligro crítico’ debido a la escasez y al elevado grado de fragmentación de sus poblaciones. Se sabe que ha desaparecido de muchos núcleos en los que se encontraba, sin embargo no se tiene una estimación del número de individuos, dado que no se han aplicado métodos adecuados de detección y seguimiento.

La principal amenaza de esta especie es la destrucción o degradación de su hábitat, que ha sido muy acusada en los últimos 50 años. También se caza por confusión con la codorniz.

Las principales medidas han de ser la conservación de su hábitat, los humedales costeros. Aunque ya se ha vedado la caza de la codorniz en las áreas de Huelva donde el torillo andaluz está presente, es necesario reforzar los estudios y prospecciones para tener más información de esta especie y poder diseñar mejores planes de conservación.

Fotografías: Greenpeace/ Creative Commons (CC).

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