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Beatriz Ríos

Mentiría si dijera que siempre quise ser periodista. Yo quería ser ingeniera pero empecé a escribir y ya no pude dejar de hacerlo. Periodista especializada en Relaciones Internacionales, conflictos seguridad y paz. Freelance en la UE. Respecto al blog, bueno, disculpen la ironía y bailemos mientras el mundo gira

De elecciones, banderas y libertades

Hace unas semanas, no sé muy bien cómo, compartí desayuno con un par de jóvenes internacionalistas y acabamos charlando (porque el café debe de pasar mejor así, yo qué sé) sobre las relaciones UE-USA. No pregunten, tampoco quedó muy claro. El caso es que extrapolé aquella discusión a las relaciones internacionales en su conjunto. Que me perdonen los académicos por esto.

Detesto darles la razón a los teóricos realistas pero los estados actúan básicamente por egoísmo o al menos así me lo parece. Lo de la supervivencia por encima de todo. A cualquier precio. No digo que no influyan otros factores, pero… Vayamos, en cualquier caso, un paso más allá. El egoísmo no es lo que determina ya la acción de los estados sino de los gobiernos y cuando digo gobiernos, digo partidos. Me explico.

Charlamos sobre aquellos discursos sentidos que a menudo los líderes dan en las grandes salas. Toda esa palabrería sobre derechos humanos, libertad y democracia. Sobre todo eso de justificar la guerra en nombre, en fin, de la paz. El caso es que analizando esto en relación con las informaciones que en los últimos días han aparecido sobre países como Grecia, Venezuela o naciones como Palestina, me di cuenta de que a veces utilizamos las relaciones exteriores como arma arrojadiza. Como mero instrumento político, o peor, electoralista. Me explico, segunda parte.

“La mutación política del Eurogrupo continúa», decía un artículo que leí hace unas semanas. La tesis que el autor desarrollaba incidía en la actitud de absoluta oposición que ciertos países, con elecciones a la vuelta de la esquina, mostraban respecto a Syriza. Países que (en principio) podrían beneficiarse de la agresividad de los griegos en las negociaciones para conseguir condiciones ventajosas para sus propias economías y que sin embargo, atacaban al gobierno heleno. Por eso. Por miedo al triunfo en Europa de Syriza. Por miedo al triunfo en sus países de otros partidos que no sean el suyo, vaya. Porque ya no es que nuestra diplomacia dependa de nuestros intereses políticos o económicos, no, ahora los intereses son electoralistas. Lo que faltaba.

No es casualidad, sin desmerecer la gravedad de la situación en Venezuela, que el gobierno español se manifieste extremadamente preocupado por lo que allí ocurre pero no muestre el menor interés por la violencia de estado en Brasil o el estado del terror en México. Por poner un par de ejemplos, digo, y sin entrar en los Marruecos, Arabias Saudíes, etcétera. Pero ay, nos viene tan bien Venezuela para alimentar el miedo a Podemos, que se nos olvida que hace no tanto alabábamos al gobierno chavista. Curioso, eso sí, que hablen de los derechos que estos van a robarnos la misma semana que una periodista es cesada de su corresponsalía en una televisión pública por las presiones de Israel o en la que se aprueba la ‘Ley Mordaza’. ¿Habrá derechos que perder cuando llegue (si es que llega) Podemos?, me pregunto a veces.

Hablando de lo cual, por cierto, Israel siempre ha aprovechado su posición estratégica en el Medio Oriente para imponer sus exigencias. Es el último bastión pro-occidental en la región y hay que protegerlo. Bueno, el último no, que para algo pagamos un ejército al dictador egipcio Al-Sisi. La revolución que no era. El caso es que si Israel, en su enésimo delirio, dice que nuestra corresponsal pública en la zona es portavoz de Hamas, pues se destituye y punto. Poco importa que sus informaciones se hayan limitado a mostrar el horror de una guerra que se cobró en su última crisis ( la operación ‘Margen protector’, qué ironía) la vida de más de 2000 palestinos (en su mayoría civiles) y 67 israelíes, 64 de ellos militares.

‘Liber¿qué?, fraterni¿quién?, iguali¿cuándo?’ Que reza una pintada callejera.

No es una sorpresa, claro, que defendamos los derechos humanos solo cuando nos cuadra la agenda. ¿O se me ha escapado la manifestación en Túnez de los grandes líderes políticos mundiales en repulsa por los atentados? Qué mundo tan maravilloso éste en que una vida vale lo que vale su bandera.

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