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Contaminación ambiental: España respira aire peligroso para la salud

27 noviembre, 2018

El 93 por ciento de la población española respira un aire que excede los límites considerados como peligrosos para la salud, según datos la Fundación Española del Corazón exouestos en una jornada sobre contaminación ambiental

Contaminación ambiental

Este lunes ha tenido lugar la jornada ‘Impacto de la calidad del aire en la salud cardiovascular’ celebrada en la Casa del Corazón, sede de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la Fundación Española del Corazón (FEC).

El objetivo de este encuentro ha sido analizar la situación de la contaminación ambiental en España y en Europa. Para ello, han participado expertos en en el área de las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, así como responsables en definir y aplicar políticas de salud y medioambientales.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) expuestos por el vicepresidente de la FEC, José Luis Palma, durante su intervención, la contaminación del aire es responsable de alrededor de siete millones de muertes al año en el mundo, de las que 2,5 millones corresponden a enfermedades del corazón (25 %) y 1,4 millones a ictus (24 %). Según Palma, “el 93 por ciento de la población española respira un aire peligroso”.

Palma ha recordado que desde la OMS, su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se refiere a la contaminación del aire como el “nuevo tabaco”, poniendo en evidencia que la contaminación ambiental se ha convertido en “uno de los principales retos de salud pública a nivel mundial”, ha defendido el vicepresidente de la FEC.

En la misma línea, ha recordado que los productos contaminantes de mayor impacto medioambiental son las partículas de la materia en suspensión, tanto sólidas como líquidas. Las de mayor peligrosidad son las que miden 2,5 milimicras o menos; el ozono; el monóxido de carbono (CO); el dióxido de nitrógeno (NO2); el dióxido de azufre (SO2) y los compuestos orgánicos volátiles (COV).

“Todas estas sustancias vician el aire, haciéndolo insalubre y peligroso. Su paso a la sangre, a través de la barrera alveolar, favorece el desarrollo de cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca, arritmias graves que pueden generar en parada cardiocirculatoria, ictus, tromboembolismo pulmonar y sistémico, trombosis venosa profunda y arterioesclerosis acelerada”, ha indicado Palma.

Asimismo, ha recordado que, dentro de estos procesos, “la enfermedad coronaria y el ictus representan el 80 por ciento de todas las muertes debidas a la contaminación ambiental”.

“La salud cardiovascular y respiratoria de la población será mejor cuantos más bajos sean los niveles de contaminación del aire”, ha zanjado.

940.000 millones de euros de impacto

Sobre el impacto económico total de la contaminación ambiental, ha indicado que en 2013 se estimó que los costes relacionados con la salud a causa de la contaminación ambiental en la UE oscilaban entre los 300.000 y los 940.000 millones de euros al año, incluyendo gastos sanitarios directos e indirectos pero también los derivados que inciden en la economía nacional y mundial.

En este contexto, ha citado los datos de un estudio realizado en Vancouver (una ciudad tres veces menos contaminada que París), que demostraron que la exposición de las embarazadas a la contaminación del tráfico aumenta en torno a un 25 por ciento el riesgo de que sus hijos padezcan graves enfermedades respiratorias antes de cumplir los seis años de edad.

Junto con las embarazadas, el experto ha apuntado que los pacientes más susceptibles a la contaminación del aire son los de bajo estatus socio-económico, edad avanzada, obesidad, diabetes mellitus tipo 2. hipertensión, enfermedad arterial coronaria o fumadores.

Reducción del tráfico rodado

Aunque la “mayoría” de actividades desarrolladas en las sociedades contemporáneas generan productos contaminantes, como las económicas, industriales, comerciales, agrícolas y ganaderas, Palma ha identificado al tráfico rodado como “uno de los principales responsables del deterioro de la calidad del aire en las ciudades”.

Así, ha explicado que, de acuerdo con estudios españoles, su contribución oscila entre un 70 y un 80 por ciento en la contaminación por partículas en suspensión de menos de 2,5 micras (PM 2,5), compuesto que tiene un “impacto directo” sobre la salud de la población y que, en la actualidad, supone “el mejor indicador de la contaminación urbana”.

“Se ha estudiado que los aumentos de PM 2,5 en el aire incrementan el riesgo de morir por cualquier causa y, en especial, de fallecer por enfermedades del aparato circulatorio y cáncer de pulmón”, ha expuesto Palma.

Para luchar contra esta “lacra”, ha apostado por tomar una serie de medidas de planificación urbana que luchen contra la contaminación ambiental, como el diseño óptimo de carriles para bicicletas, promover los coches eléctricos e híbridos, fomentar el transporte público, una nueva nueva legislación para la construcción de edificios, o iniciativas para reducir la emisión de combustible y otros gases tóxicos (ganadería, calefacción doméstica, etc.).

Otro de los puntos sobre los que ha incidido es el conocido como ‘dieselgate’. “Los nuevos diésel emiten, en comparación con los antiguos, un 84 por ciento menos de dióxido de nitrógeno y un 90 por ciento menos de PM 2,5”, ha afirmado Palma.

Además, ha añadido que los nuevos catalizadores de reducción selectiva disminuyen en más de un 99 por ciento la emisión de estas partículas. Como propuesta, ha reclamado que se impulse el aditivo AdBlue como mezcla en los diésel, ya que “reduce la emisión de dióxido de nitrógeno en más de un 90 por ciento”.

Andrés Alasturey Urós, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha coincidido con la radiografía trazada por el vicepresidente de la FEC, y ha aportado sus propias medidas para mejorar la calidad del aire, algo que pasa por el mayor control en el transporte urbano.

Entre sus propuestas, que los planes del aire de las grandes ciudades, como Madrid, se articule a nivel metropolitano y no solo del núcleo central; reducción del número de coches circulando; renovación de la flota de taxis, furgonetas y demás vehículos de transporte; o el rediseño de las ciudades para beneficiar las zonas verdes. Aunque ha aplaudido el uso de las etiquetas medioambientales impulsadas por la Dirección General de Tráfico (DGT), ha apostado por “ir más allá”.

Fotografías: Contaminación ambiental/ Pixabay. 

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