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¿Qué sucede cuando las personas descubren cómo resolver un problema?

18 Abril, 2017

Científicos de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, han descubierto qué es lo que sucede cuando las personas descubren cómo resolver un problema, es decir, cómo la gente experimenta realmente lo que se denomina “aprendizaje epifánico”

cómo resolver un problema

Así, a través de tecnología de ‘rastreo-ojo’ y de la dilatación de la pupila, han estudiado qué es lo que ocurre cuando las personas descubren cómo ganar un juego de estrategia en un ordenador.

“Pudimos ver a nuestros participantes en el estudio averiguar la solución a través de sus movimientos oculares mientras consideraban sus opciones”, explica el coautor del estudio Ian Krajbich, profesor asistente de Psicología y Economía en la Universidad de Ohio.

“Pudimos predecir que estaban a punto de tener una epifanía antes de que supieran que estaban llegando a ella”, añade. Los resultados del estudio han sido publicados esta semana en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

Tal y como ha afirmado el estudiante de doctorado en Economía en la Universidad del Estado de Ohio, James Wei Chen, otro de los autores del estudio, la mayoría de las investigaciones de toma de decisiones se han centrado en el aprendizaje de refuerzo, donde las personas gradualmente ajustan su comportamiento en respuesta a lo que aprenden.

“Nuestro trabajo es nuevo en cuanto que estamos viendo este otro tipo de aprendizaje que, realmente, ha sido descuidado en investigaciones anteriores”, comenta Krajbich. Para su investigación, 59 estudiantes jugaron a un juego en un ordenador contra un oponente invisible.

El experimento sobre cómo resolver un problema

En la pantalla había once números (de 0 a 10) dispuestos en un círculo (como un teléfono antiguo con los números dispuestos en una rueda giratoria). Los estudiantes eligieron un número y luego su oponente escogió un número. Los detalles de cómo ganar eran algo complejos, pero esencialmente la estrategia de juego óptima se reduce a elegir el número más bajo; por lo que elegir cero siempre era la mejor opción.

Los participantes jugaron 30 veces seguidas, siempre contra un nuevo oponente. Los investigadores crearon un incentivo para ganar mediante la concesión de pequeños pagos por cada victoria. Un ‘rastreador de ojo’ bajo la pantalla del ordenador podía decir qué números estaban mirando mientras consideraban sus opciones durante partes del experimento.

Después de cada uno de los ensayos, los participantes tuvieron la opción de comprometerse a jugar un número para el resto de los ensayos y se les animó a hacerlo prometiéndoles un pago extra. A los participantes se les recordó el número que eligieron, el número que su oponente había escogido y si habían ganado o perdido.

El objetivo de los investigadores era ver cuándo tenían los jugadores esa epifanía, en la que se dieron cuenta de que cero era siempre la mejor opción y luego se comprometieron a jugar ese número durante el resto del experimento.

Los resultados mostraron que aproximadamente el 42 % de los jugadores tuvo una epifanía en algún momento y optó por jugar al cero. Otro 37 % optó por otro número distinto de cero, lo que sugiere que no aprendió la lección correcta; y el 20 % restante nunca se comprometió con un número.

La dilatación de la pupila

Los investigadores podían decir cuando un jugador tenía una revelación. “Hay un cambio repentino en su comportamiento, está eligiendo otros números y de repente cambia a optar sólo por el cero –relata Krajbich–. Ese es un sello distintivo del aprendizaje de la epifanía”.

Estos participantes dieron pistas de que iban a detectarlo en ese momento, aunque no se dieran cuenta. El ‘eye-tracker’ demostró que miraban al cero y otros números bajos más a menudo que otros en las pruebas momentos antes de su epifanía, incluso aunque terminaran optando por otros números.

“No vemos su descubrimiento en su elección de números, sino que lo vemos en sus ojos –detalla Chen–. Su atención se centra en el cero y comienza a probarlo más y más”.

Aquellos que tuvieron las epifanías también pasaron menos tiempo mirando las opciones numéricas de sus oponentes y más tiempo considerando el resultado de cada prueba, si ganaban o perdían. Los investigadores dijeron que esto sugería que estaban aprendiendo que su elección de un número bajo era la clave de la victoria.

Una clave para el aprendizaje de la revelación es que viene de repente, lo que era evidente cuando los investigadores observaron los resultados del seguimiento de los ojos en la pantalla de compromiso, es decir, la pantalla donde los participantes podían optar por comprometerse a optar siempre por el cero (u otro número) para el resto de los experimentos.

Los hallazgos sobre la dilatación de la pupila proporcionaron evidencia adicional de que los que se dieron cuenta de la epifanía estaban reaccionando de manera diferente que otros. “Cuando tu pupila se dilata, vemos que es evidencia de que estás prestando mucha atención y aprendiendo”, subraya Krajbich.

Los resultados mostraron que aquellos que experimentaron el aprendizaje de la epifanía experimentaron una dilatación significativa de la pupila mientras veían la pantalla de retroalimentación (diciéndoles si ganaban o perdían) antes de tomar la decisión. La dilatación desapareció después de que se comprometieran.

“Estaban mostrando signos de aprendizaje antes de comprometerse con el cero –relata Krajbich–. No vimos los mismos resultados para los demás”. Estos hallazgos sugieren que hay que mirar dentro para experimentar verdaderamente la epifanía. “Lo que podemos extraer de esta investigación es que es mejor pensar en un problema que simplemente seguir a otros –sugiere Krajbich–. Aquellos que prestaron más atención a sus oponentes tendieron a aprender la lección equivocada”.

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