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Juan Miguel Gómez

Juan Miguel Gómez Berbís es colaborador de ImpasseMag, profesor en la Universidad Carlos III de Madrid y socio fundador de Nimbeo y Universo iDEA. Apasionado del Kaizen y del Macallan con hielo. También es el autor de "Las Mentiras del Kaiser" y "La Quinta y el Espejo".

El escritor de startups

Hace muchos años ya, tantos que parece que fue otra vida, cuando estudiaba la carrera, yo quería ser escritor. Digo quería porque quise, quiero y querré. Creo que ser escritor es un continuo y que cada día que se escribe, negro sobre blanco se consigue. Me centro.

En aquellos años, surgieron cientos de certámenes o concursos literarios. Prácticamente cada caja de ahorros, entidad aseguradora, ayuntamiento y, por supuesto, editorial, convocaba un certamen literario, ya fuera novela o relato. O ambas cosas. Tantos, que la ya extinta Editorial Fuentetaja incluso publicó durante unos años una guía.

El premio no era significativo, pero muchos jóvenes aprendices de escritores nos lanzamos a enviar nuestras obras. Cada tarde, cuando llegaba de la universidad, pensaba en tal o cual relato que había escrito. Lo enviaba y esperaba con ilusión y esperanza que fuera el vencedor.

Y así fue en varias ocasiones. Después, con el pasar de los años, dejé de participar y, hasta que no publiqué mi primera novela en 2013, o cuando publiqué la siguiente, no tuve esa sensación de estar de nuevo luchando por ser escritor. Ahora, mientras escribo estas líneas, sigo creyendo que debo perseverar y buscar éxito de crítica o público para sentirme escritor. Pero la cuestión es, ¿sirvieron de algo aquellas búsquedas constantes de premios literarios y concursos?

A día de hoy, estoy viendo exactamente el mismo fenómeno con las startups. Recientemente, ‘El Referente’ publicó una guía de 30 convocatorias abiertas para emprendedores y startups. Hay una explosión de certámenes para emprendedores que, en mi opinión, esconden un peligro importante: una startup no es una novela. Ni un relato. Es materia para ambos, pero una startup es un serio ejercicio de realidad, no de ficción.

Una startup tiene un coste (material, financiero o tiempo), unas responsabilidades (relaciones laborales, compromisos societarios y tributarios) y, es, además, una peligrosa manera de jugar con el coste-oportunidad.

Las startups son una cosa seria. Las novelas o los relatos, afortunadamente, son cosas aún más serias, pero en un plano diferente. Esta marabunta de concursos y convocatorias para emprendedores, sumadas a las aceleradoras que crecen por doquier, a las incubadoras que emergen en cada esquina, y a los que se quieren hacer ricos a costa de vender picos y palas a los obreros de la nueva fiebre del oro de la emprendenduría deberían ponernos en alerta.

Y si no, al tiempo.

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