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“La montaña te enseña a relativizar los problemas de tu vida cotidiana”

9 Septiembre, 2015

Una tarde escuchando a Carlos Soria (Ávila, 1939) resulta fascinante. Después de un paseo matutino de cinco horas y de almorzar sardinas asadas muy cerca de Sierra Nevada, el alpinista descansa su rodilla izquierda maltrecha mientras nos detalla un amanecer desde la cumbre del Everest, el punto más alto del planeta; nos cuenta su última expedición al Annapurna; o nos confiesa algo que nunca falta en su mochila, el sentido común. Nos acercamos a la alta montaña con criterio sabiendo que naturaleza manda y que el verdadero reto no es hacer cumbre, sino volver al campo base

Carlos Soria

Impasse Magazine: Voy a empezar con una frase que tiene un significado un tanto ambiguo y que nadie mejor que usted para aclararnos: “La montaña pone a cada uno en su sitio”. ¿Qué significa?

Carlos Soria: Puedes ir por el mundo creyendo que te lo vas a comer y cuando subes a la montaña te pone en el lugar oportuno. La montaña tiene muchos condicionantes. No es solamente escalar. Además, depende si es pequeña montaña o grandes montañas. Cuando llega la hora de la realidad, el que parecía que iba a poder con todo sube a la montaña y resulta que no es su día.

IM: Montaña manda.

CS: Siempre manda. Y debes saber entenderla

IM: En un duelo naturaleza-hombre, la naturaleza siempre gana…

CS: Claro, tiene mucha fuerza. Nos tenemos que adaptar a ella como se adaptan las plantas, por ejemplo. En la montaña igual. La naturaleza es muy potente. Nosotros logramos cosas increíbles, como ascender montañas de 8.000 metros o subir paredes extra plomadas muy difíciles, pero cuando de verdad se enfada la montaña, pone mala cara, no hay quien pueda con ella.

IM: Su amor por la montaña comienza desde joven. Ya con 14 años tiene interés en conocer la Sierra de Guadarrama. ¿Cómo surge esta afición que se ha convertido en pasión?

CS: Surge en mí la afición por la naturaleza en general desde muy niño. A mí siempre me ha gustado estar en los ríos antes que en las calles de la ciudad. Seguir los cauces de los ríos, vivir la naturaleza. Cuando iba a Ávila de vacaciones iba a zonas como la Balsa Verdeja o la Fuente de la Canaleja para estar siempre en contacto con la naturaleza. Te cuento que yo empecé a trabajar muy pequeño. De los once a los catorce años trabajé de encuadernador en Madrid en la calle de la Palma. Una zona que está alejada del río Manzanares. Me llevaba mi taleguito de comida y muchos de los días me iba al Manzanares a comer a mediodía y después volvía al trabajo.

IM: ¿Qué queda y qué ha cambiado del joven Carlos Soria que viajó tres días en Vespa con 21 años para conocer Los Alpes?

CS: Fui con dos amigos en una Vespa 125. Queda la misma ilusión. Pero en ese Carlos y en lo que hay a su alrededor ha cambiado todo. No se puede seguir igual que antes. Tengo muchos amigos mayores que me dicen: “Es que esto no es como era antes”, y yo pienso, claro. Esto cambia y nosotros cambiamos mucho. Lo que queda es la ilusión por hacer las cosas que me gustan. Eso sigue en pie. Ilusión por subir montañas y por hacerlo bien. No hacer el ridículo. Ya sé que no tengo la misma fuerza que cuando tenía 50 años, creo que a esa edad tenía más fuerza que con 30. Sigo con las mismas ganas de hacerlo bien.

IM: Pero qué quería ser usted de niño porque del alpinismo no esperaría vivir en esa época (incluso del deporte). Usted iba para tapicero.

CS: Yo no he vivido nunca del deporte. Ahora que estoy jubilado es cuando estoy patrocinado. La escalada, al principio, cuando eres chaval, es una aventura. Y poco a poco se convierte en mi vida. Tengo cuatro hijas. Cuando nació la primera la llevamos a los Pirineos en una pequeña cajita. Con todas mis hijas he estado en montañas de todo el mundo.

“La naturaleza es muy potente. Nosotros logramos cosas increíbles, pero cuando la montaña pone mala cara, no hay quien pueda con ella”

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IM: Su historial deportivo es admirable y sus méritos merecen un elogio. Recordemos alguno que me llama la atención. Es la primera persona en el mundo en hacer cumbre en lo que era una montaña virgen, el Dome Khang (Nepal, 7.260 metros).

CS: Es una satisfacción increíble sentirte descubridor, igual que en épocas antiguas. Ir a un sitio al que no ha subido nadie es muy emocionante.

IM: ¿Qué se le pasa a uno por la cabeza en ese instante?

CS: Te sientes como si estuvieses en otra época. Ahora todo se sabe porque en internet está la información. Pero pisar por un lugar que no han pisado otras personas es increíble. Llegar a una montaña en el Himalaya a la que no ha ido nadie… te sientes muy a gusto. Fue una aventura de tres años. Fuimos en tres ocasiones hasta que conseguimos subir a esa montaña. Muy bonito.

IM: Otro mérito que llama mucho la atención. Ascensión a las siete cumbres más altas de los siete continentes [Elbruz (Europa-1968), MacKinley (América del Norte-1971), Aconcagua (América del Sur-1986), Everest (Asia-2001), Mont Vinson (Antártida-2007), Carstensz (Oceanía-2010) y Kilimanjaro (África-2010)].

CS: Está muy bien. Había hecho varias de ellas al principio y me quedaban algunas por hacer. Planteamos el reto de acabar el reto del siete. Siete cumbres en siete continentes y completarlo a los 70 años. Es muy interesante por ejemplo el reto de la Antártida. Estar en la cumbre es un privilegio.

IM: Y doce cumbres de más de 8.000 metros.

CS: Bah, es que llevo muchos años.

IM: ¿Cuál es la más difícil que usted haya llevado a cabo?

CS: Posiblemente el K2 (China-Pakistán, 8.611 metros) por la ruta más habitual. Cada ocho mil tiene varias rutas de diferente dificultad. De entre las rutas más accesibles para subir a cualquier cumbre de los ocho mil, el K2 sea la más difícil. En cambio la más peligrosa sea la del Annapurna (Nepal, 8.091 metros).

IM: ¿Cómo se prepara físicamente?

CS: Pues con esta mierdecilla de cuerpo, esta rodilla…

IM: Bueno, ya querrían algunos…

CS: Procurando hacer las cosas bien. Entrenar. Llevar una vida ordenada de un deportista de verdad. No me cuesta trabajo tener cuidado con la alimentación. Tomarte en serio lo que vas a hacer y prepararte bien. Me gusta hacerlo. A veces veo futbolistas que parece que van a un calvario cuando van a entrenar y yo salgo en bicicleta a hacer 70 kilómetros y pienso que me va a venir muy bien para subir una montaña. Por ejemplo, me gusta estar en Sierra Nevada y entrenar aquí, pero es que además, me va a venir muy bien para lo que voy a hacer.

“En mi mochila siempre llevo sentido común. Parece una tontería pero arreglaría muchas veces algunos problemas”

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IM: Vamos a hacer el ejercicio de preparación de una mochila para una ascensión. Si abriésemos la de Carlos Soria, ¿qué nos encontraríamos?

CS: Depende de donde vayas. Por ejemplo, si hago una subida al Veleta, andando y haciendo un poco de escalada llevaría agua, algo de abrigo y mucho sentido común. Parece una cosa muy tonta pero arreglaría muchas veces algunos problemas. En otro caso, en una montaña de ocho mil metros no debes olvidar nada de eso y aparte contar que vas a vivir allí durante dos meses, así que necesitas de todo. Por supuesto llevo algo de música, para leer. Ahora tengo un libro electrónico que ocupa poco y caben muchos libros distintos. Aparte del sentido común, incluiría buen humor y preparación.

IM: Cuando alguien afronta un reto de ascensión a un ocho mil, entiendo que debe afrontar el hecho de subir a la cumbre pero también estar preparado para el descenso.

CS: Eso es lo más importante. A mucha gente se le olvida que la meta es el campo base después de hacer cumbre. El objetivo no es hacer cumbre. Es más peligroso bajar que subir. Cuando los periodistas me preguntan qué siento en una cumbre siempre respondo: “Unas ganas terribles de bajar” (Risas). Bajar es lo más importante. Para disfrutar de un ocho mil estás mes y medio. Y ese reto conlleva acercarte a la montaña, convivir con la gente de alrededor, respetarlos. Luego montar los campamentos, etc. El alpinismo no es solamente la cumbre.

IM: Pero eso también es bonito.

CS: Lo más bonito e impresionante es ver amanecer desde más de ocho mil metros.

IM: El mundo se percibe de otra manera.

CS: El mundo es muy bonito. Ver amanecer en el K2 (8.611 Metros) o en el Everest (Nepal-China, 8.848 Metros) es impresionante. Ves asomar la luz mientras las montañas más bajas aún continúan a oscuras. Parece que todo lo veas desde fuera. Es demasiado grande aquello.

IM: Intuyo que si tuviera que elegir la mejor experiencia de su carrera alpina, sería esa…

CS: He vivido muchas. En 2010 conseguí alcanzar la cumbre de Manaslu (Nepal, 8.165 Metros), 37 años después del primer intento. Pero sí, visualmente, la experiencia de ver esos dos amaneceres fue muy grande.

IM: ¿Y la experiencia más dramática?

CS: Cuando ha muerto alguien.  Es muy triste, qué duda cabe.

IM: Hablamos con algunos deportistas y siempre defienden los valores del deporte. En concreto, hablando de su disciplina, ¿cuáles considera que son esos valores?

CS: Solidaridad, compañerismo. A ver, hay gente muy borde por la montaña también (Risas). Hay de todo. Cuando me encuentro expediciones o gente que pueda pasar por donde me encuentro siempre intento invitarles a un té. Pero con otra gente no es así, pasan de largo, no saludan o no quieren compartir nada. Valores muchos. Uno muy importante es el hecho de relativizar las cosas. Aprender a darle su justa medida a los problemas que puedas tener en tu vida cotidiana. El otro día coincidí en el Centro de Alto Rendimiento con un equipo paralímpico y había un tipo sin brazos que se valía él solo. Le veías con sus muñones cogiendo su bandeja para almorzar y no necesitaba a nadie. Estaba tan feliz. Conduce él solo, en fin, y ojo, con dieciséis medallas olímpicas. En este sentido, el ser humano es capaz de hacer lo que se propone.

“La montaña más alta que he subido sin oxígeno es el Makalu. La más difícil el K2 y la más peligrosa el Annapurna”

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IM: Casi toda su trayectoria ha trabajado de forma independiente, personal, pero desde 2011 cuenta con el apoyo de Expedición BBVA. ¿Qué supone este cambio?

CS: Se gana mucho. Antes iba solo a mis expediciones y tenía mi sherpa en cada ocasión. A partir de que el BBVA se interesa por mi proyecto y por mí, desaparecen los problemas de financiación, o de equipo. Intentamos hacer las cosas bien y damos una buena información. Si vamos con sherpas, lo decimos; si llevamos oxígenos, admitimos que lo hacemos. Ponemos las cosas como son y eso le gusta a la gente. Tenemos muchos seguidores porque, además, esto sirve para acercar el alpinismo y explicar que la montaña no es únicamente para seres excepcionales. Cualquier birria como yo es capaz de subir ochomiles.

IM: No sabía que llevar oxígeno desacredita el reto de ascensión a una cumbre.

CS: Sí. Es más deportivo subir una montaña sin oxígeno. Yo he subido el Everest, el K2 y el Kanchenjunga (Nepal, 8.586 metros) con oxígeno. La montaña más alta que he subido sin oxígeno es el Makalu (China-Nepal, 8.643 metros). Prefiero subir con un poco de oxígeno, sobre todo el último día y bajar sin él puesto. En todos estos años nunca han tenido que ir a rescatarme. Lo más importante es que no tenga que subir a buscarte nadie y que tengas los dedos de las manos y los pies enteros.

IM: Es sensato…

CS: Lo que no me gusta es el que dice que no lo usa y luego sí lo ha utilizado. Yo admiro la poca gente que hay que ha subido, por ejemplo, el Everest sin oxígeno. No hay mucha. Creo que yo lo podía haber hecho. Subí con 62 años y llegué solo porque el sherpa que venía conmigo me abandonó antes del Campo 4. Subí con dos botellas en la mochila, tenía poco peso, pero admito que subí con oxígeno.

IM: En su próximo reto se propone completar la ascensión de las catorce montañas más altas de la tierra…

CS: Me faltan tres. [Annapurna y Dhaulagiri (Nepal, 8.167 metros)]. Yo tengo la cumbre central del Shisha Pagma (China, 8.027 metros), que tiene más de ocho mil metros pero no es el pico principal. Quiero subir al pico principal. A ver si me da tiempo. Aunque mi reto más cercano es el de octubre. Voy a subir el Ama Dablam (Nepal, 6.856 metros), es una montaña baja pero vamos con un proyecto solidario.

IM: ¿Qué pasó este año cuando su expedición pretendía llegar al Annapurna?

CS: Sucedieron muchas cosas. Era todavía invierno pero la montaña estaba en buenas condiciones. Habíamos quedado con un grupo que lideraba un sherpa que estaba un poco nervioso. Se dirigieron a la cumbre de manera precipitada, antes del momento que todos considerábamos más apropiado. Llegaron a la cumbre y a la bajada murieron dos personas, otras cinco llegaron con congelaciones. Si hubiéramos esperado un par de días y habiendo hecho cumbre todos juntos, hubiésemos llegado bien. Yo me he bajado varias veces antes de hacer cumbre porque intuía que algo no iba bien y siempre me ha dado buen resultado. Es una montaña muy peligrosa. Hemos ido dos veces y volveremos una tercera la próxima primavera.

IM: ¿Cómo se elige un sherpa? ¿Cómo es el trato con ellos?

CS: Hay veces que no eliges, te lo imponen. Si vas conociendo más, quizá puedes elegir, depende de la expedición. Normalmente es gente profesional y que quieren ganarse la vida muy bien allí. Son profesionales, hacen las cosas por dinero y no son tus amigos. De todos modos, yo siempre he tratado muy bien a mis sherpas. En otras expediciones he visto más trato déspota. Cuando llegas a la cumbre hay una propina obligatoria que yo siempre cumplo. En fin, no son personas fuera de lo normal. Son como todo el mundo. Los hay golfos, borrachos y los hay maravillosos y buenos alpinistas. Ahora son más técnicos y menos fuertes.

IM: Cuando se inicia una ascensión, ¿no hacer cumbre es un fracaso, o hay otros retos?

CS: Depende. Para mí nunca ha sido un fracaso. Siempre que me he vuelto sin alcanzar la cumbre ha sido pensando que he hecho lo mejor que podía hacer, que no era el momento de subir. Si vas a subir a un sitio y no subes todo el mundo puede pensar que has fracasado pero para mí no es así. Te cuento por ejemplo el caso del Kanchenjunga. Fuimos en dos ocasiones, dos años seguidos. El primero subimos pero la situación era muy complicada: pocas cuerdas, no todos trabajaban, en fin. Yo decidí que iba a subir solo con un sherpa porque no lo veía claro y no quería que estuviésemos todos los de mi expedición. Llegamos a 300 metros de la cumbre. Había otras once personas y cuando llegamos a un punto decidí darme la vuelta. Llevábamos andando sin instalar cuerda unos 300 metros de desnivel y teníamos seis horas de retraso. Yo pensé que no iba la cosa bien y que la bajada sería complicada. El sherpa que venía conmigo me insistía que podíamos subir pero yo me mantuve en la decisión de bajar. Después nos enteramos que de aquellos once que continuaron, cinco murieron al bajar.

“Siempre que me he vuelto sin alcanzar la cumbre ha sido pensando que he hecho lo mejor que podía hacer, que no era el momento de subir”

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IM: Después de casi tocar el cielo y contemplar un mundo maravilloso bajamos al “mundo real” y nos damos cuenta de que se ha vuelto loco…

CS: Es horrible. Es un choque fuerte. Cada vez estoy más acostumbrado pero las primeras veces volvía y… (Gesticula incrédulo). Lo que vemos y oímos es una locura. No vamos a durar nada en este mundo. Vamos a desaparecer en cuatro días. No solamente por la naturaleza, sino por nosotros mismos. Hay medio mundo en guerra, la economía, no sabes por qué ahora baja la bolsa china y a ti te afecta, los unos que se quieren separar de los otros…

IM: Y la situación humanitaria que se vive en Europa con el drama de la población siria es otro sinsentido, ¿qué opinión tiene al respecto?

CS: El mundo es una locura. Abandonan su país porque está en guerra y ahora dicen que hay que repartírselos. El mundo vive en una crisis… relativa. Crisis había cuando yo era niño. Sin medios ni recursos.

IM: ¿En qué consiste su colaboración con el Instituto Nacional de Educación Física?

CS: Colaboración relativa, eh. Llevo haciendo allí reconocimientos médicos desde hace muchos años. Soy allí un bicho raro (Risas). Esa es la realidad. Hace poco, la cardióloga Araceli Boraita me dijo que acudiera a una conferencia a contar mis experiencias. Allí, otro cardiólogo me preguntó sobre mi corazón. Araceli les explicó a los presentes que no pensaran que tenía el corazón de un triatleta, y apostillo: “Carlos tiene el corazón de un deportista mayor, pero lo que tiene distinto y único es la cabeza”. En el Instituto me tratan bien, siempre me dicen: “Qué bien estás, Carlos, para la edad que tienes claro”. Siempre añaden ese latiguillo (Risas).

IM: ¿Qué consejos le daría Carlos Soria a todos aquellos que tengan curiosidad por practicar esta disciplina?

CS: Que se acerquen a la naturaleza. La montaña es muy amplia. Se pueden hacer muchas cosas. Paseos, pequeñas cumbres o complicarse la vida. La naturaleza siempre merece la pena y el hombre no debe separarse de ella. Hay muchos que creen que los huevos salen de los paquetes de plástico (Risas). Ahora hay mucha afición al senderismo, a correr y a la escalada deportiva. Que cada uno haga lo que le guste pero que disfrute. Si te gusta subir montañas, adelante, pero sin tonterías.

IM: Usted practica otros deportes, ¿cuáles?

CS: Hago esquí de fondo y bicicleta. Esto último sobre todo porque me viene muy bien de entrenamiento para la montaña. Para entrenar me gusta la bicicleta de carretera.

IM: Antes de terminar y sobre ese boom deportivo que vivimos. En un análisis que he podido debatir con otros profesionales se presentan varios motivos. Entre ellos, el factor sociodemográfico, con generaciones más numerosas; los cambios en la cultura deportiva de un país, a los que ayudan los éxitos deportivos; la conciencia saludable y el conocimiento de los beneficios del deporte, en fin. ¿Qué piensa al respecto?

CS: Es lógico con la evolución de la sociedad. La comodidad de nuestras vidas y el mayor tiempo de ocio hacen que la gente accede a la práctica deportiva. En algunos casos surgen competiciones bestiales como las carreras extremas. Pero el boom del deporte es una maravilla. Y lo es más con la mujer. En España venimos de muy atrás en el deporte, pero de muy atrás. Ellas mucho más atrás que nosotros, y ahora mismo están rompiendo, están que se salen. Es una maravilla. Ellas valen mucho más que nosotros, es la realidad. Me da mucha alegría. En general me siento más animado para hacer deporte cuando veo todo este boom deportivo alrededor.

Fotografías: Expedición BBVA.

2 comentarios

Maria Celeste Septiembre 11th, 2015

Gracias Carlos por compartir lo mas sagrado de tus años: tus vivencias , esas que con palabras tanto no se pueden explicar. Vale la pena encontrar seres humanos tan llenos de riqueza y sencillez.

ZULEMA Septiembre 12th, 2015

que bueno ……¡ genial!! Realmente maravilloso Carlos…

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